Venezuela registra dos de los 10 terremotos más mortíferos en América Latina

El doble terremoto ha causado al menos 1.719 muertes confirmadas, 5.000 heridos, 49.932 desaparecidos y más de 15.000 damnificados, con búsqueda de sobrevivientes en curso.
Las fallas acumulan tensión con el tiempo y luego se rompen repentinamente
Explicación de cómo funcionan las tres fallas sísmicas principales que atraviesan Venezuela.

El doble terremoto de magnitud 7.2 y 7.5 registrado el miércoles ha generado al menos 1.719 muertes, 5.000 heridos y 49.932 desaparecidos, con 432 réplicas contabilizadas. Venezuela se ubica en un límite de placas sísmicamente activo entre la placa del Caribe y sudamericana, con tres fallas principales que acumulan tensión y se rompen repentinamente.

  • Doble terremoto de magnitud 7.2 y 7.5 el miércoles: 1.719 muertos, 5.000 heridos, 49.932 desaparecidos
  • Terremoto de 1812: 26.000 muertos, sexto más mortífero de América Latina
  • Terremoto de 1797: 16.000 muertos, noveno más mortífero de América Latina
  • Venezuela ubicada en límite de placas entre placa del Caribe y sudamericana
  • Solo siete terremotos de magnitud 6 o superior en Venezuela en el último siglo

Venezuela registra dos de los diez terremotos más mortíferos en América Latina. El doble sismo de magnitud 7.2 y 7.5 del miércoles ha dejado más de 1.700 muertos, 5.000 heridos y casi 50.000 desaparecidos.

El miércoles pasado, Venezuela fue sacudida por dos terremotos consecutivos de magnitud 7.2 y 7.5 que pusieron al país en el centro de una crisis humanitaria sin precedentes en décadas. Para el sábado, los números eran devastadores: 1.719 personas confirmadas muertas, al menos 5.000 heridas, más de 15.000 sin hogar y casi 50.000 reportadas como desaparecidas. El presidente del Parlamento, Jorge Rodríguez, informó además que se habían registrado 432 réplicas en los días posteriores al doble sismo. Equipos de rescate de múltiples naciones llegaban al país mientras máquinas pesadas trabajaban sin descanso removiendo escombros de edificios colapsados, en una carrera contra el tiempo para encontrar sobrevivientes entre los escombros.

Que Venezuela sea azotada por terremotos de esta magnitud no es una sorpresa geológica. El país se encuentra en una zona de límite de placas donde la placa del Caribe se desliza horizontalmente contra la placa sudamericana. Este tipo de frontera tectónica, aunque no implica que una placa se hunda bajo la otra, es perfectamente capaz de generar sismos de gran potencia. Tres fallas principales atraviesan el territorio venezolano: la falla de San Sebastián, que corre cerca de Caracas frente a la costa; la falla de El Pilar, que recorre el noreste; y la falla de Boconó, que se extiende por los Andes venezolanos. Ninguna de estas fallas se mueve de manera continua. En cambio, acumulan tensión durante años o décadas hasta que la presión se vuelve insostenible y se rompen de repente, liberando energía en forma de terremotos.

En el último siglo, solo siete terremotos de magnitud 6 o superior han golpeado las inmediaciones de Venezuela. El doble sismo de esta semana se suma a registros individuales de 2009, 1989 y 1975. El más destructivo del siglo pasado ocurrió en julio de 1967: un sismo de magnitud 6.6 que mató a 240 personas. Desde 1900, se han producido cinco terremotos de magnitud 7 o superior en el norte de Venezuela o cerca de su costa. Pero la verdadera medida del riesgo sísmico del país se encuentra en su historia más antigua.

Antes de 1900, Venezuela experimentó dos de los diez terremotos más mortíferos jamás registrados en América Latina. El más catastrófico ocurrió el 26 de marzo de 1812, alrededor de las 16:37, a lo largo del sistema de fallas de Boconó. Mató a aproximadamente 26.000 personas, lo que lo coloca en el sexto lugar entre los sismos más letales de la región. La destrucción fue tan completa que creó un nuevo lago. Ríos enteros cambiaron de curso en el valle de Caracas, inundando la región con aguas turbias. La devastación fue tan generalizada que la Gazeta de Caracas sugirió abandonar la capital y establecer una nueva en la ciudad de Catia. El terremoto ocurrió en medio de la Guerra de Independencia de Venezuela, paralizando a la capital republicana como centro administrativo y logístico en un momento crítico. La interrupción de la coordinación militar dio a los realistas españoles una ventaja temporal y aceleró el colapso del frágil Estado revolucionario. El clero realista interpretó el desastre como castigo divino por la rebelión contra España, pero Simón Bolívar, quien lideraba la revuelta, rechazó esa interpretación en un temprano ejemplo de razonamiento político secular.

Quince años antes, en 1797, otro terremoto de magnitud comparable devastó el país, dejando 16.000 muertos y ocupando el noveno lugar entre los más mortíferos de América Latina. El naturalista alemán Barón Alexander von Humboldt documentó este sismo que destruyó la ciudad de Cumaná y sus alrededores. Testigos reportaron ruidos subterráneos ensordecedores y olor a azufre antes del temblor. Un catálogo de terremotos de 1855 describió el evento con lenguaje casi apocalíptico: llamas emergiendo de la tierra, seguidas de un ruido como de burbujeo subterráneo, y luego temblores cerca de la bahía de Cariago.

A lo largo del siglo diecinueve, Venezuela continuó siendo golpeada. En 1853, el terremoto de Sucre sacudió la ciudad costera de Cumaná con una magnitud entre 6.9 y 7.5, causando que el mar se retirara rápidamente de la bahía de Puerto Sucre antes de regresar como un tsunami de 15 metros de altura. Aunque los registros históricos son escasos, el evento causó alta mortalidad y un declive demográfico que permitió a Venezuela consolidar su control político sobre la región. En 1875, un terremoto de magnitud entre 6.75 y 7.5 sacudió la ciudad fronteriza de Cúcuta durante aproximadamente 55 segundos alrededor de las 11:15 a.m. del 18 de mayo. Aunque las bases de datos oficiales registran al menos 1.000 muertes confirmadas, las estimaciones generales para ambos países oscilan entre 10.000 y 16.000 fallecidos. Diecinueve años después, el 28 de abril de 1894, un terremoto de magnitud 7.0 sacudió Mérida, matando entre 319 y 350 personas. El edificio del periódico El Lápiz se derrumbó, aunque su emblemático editor, Tulio Febres Cordero, sobrevivió milagrosamente. En la zona del epicentro, el sismo provocó grandes fisuras, deformaciones del terreno y la expulsión de lodo, petróleo y gas.

El terremoto de 1900, conocido también como el terremoto de San Narciso, ocurrió el 29 de octubre con epicentro en Miranda y una magnitud estimada de 7.6 a 7.7. Fue el primer gran sismo bien documentado por instrumentos en el país, dañando gravemente edificios en Caracas y regiones cercanas. Dejó 140 muertos y más de 50 heridos, seguido de más de 250 réplicas en los meses posteriores. Se observaron grietas de gran tamaño, algunas de hasta 300 metros de longitud. El sismo más reciente de magnitud comparable ocurrió el 21 de agosto de 2018, cuando un terremoto de magnitud 7.3 sacudió el estado costero de Sucre. Aunque fue considerado el más fuerte desde Miranda en 1900, su profundidad relativamente mayor de 123.2 kilómetros amortiguó significativamente su impacto, dejando solo 5 muertos y 122 heridos.

En el contexto regional, el doble sismo de esta semana en Venezuela se suma a una larga historia de desastres sísmicos en América Latina. El terremoto de Haití de 2010, con magnitud 7.0, sigue siendo el más mortífero de la región con 316.000 muertes, casi el 120% del PIB del país en 2009. Fue tan devastador porque golpeó la densamente poblada capital, Puerto Príncipe, que carecía de infraestructura sólida y edificios diseñados para resistir sismos. Le sigue el terremoto de 1868 que afectó Ecuador y Colombia, dejando 70.000 muertos. El de Perú en 1970, con magnitud 7.9, mató a 66.794 personas. Venezuela ocupa el sexto lugar con su terremoto de 1812. A medida que continúan las operaciones de rescate en Venezuela, el país enfrenta no solo la crisis inmediata de decenas de miles de desaparecidos y heridos, sino también la realidad geológica de que vive en una de las zonas sísmicamente más activas de América Latina, donde la historia sugiere que desastres de esta magnitud volverán a ocurrir.

En menos de tres segundos, Ibarra se convirtió en un gran y lúgubre cementerio. Casi toda su población quedó sepultada bajo las ruinas de sus propias habitaciones.
— Comisión gubernamental documentando el terremoto de 1868 en Ecuador
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
Inventor

¿Por qué Venezuela experimenta terremotos tan frecuentes y potentes?

Model

Está en el lugar equivocado del planeta. Dos placas tectónicas gigantes se deslizan una contra la otra justo debajo del país, y eso crea una tensión constante que eventualmente se libera en forma de sismos devastadores.

Inventor

Pero dijiste que solo siete terremotos de magnitud 6 o superior en el último siglo. Eso no suena tan frecuente.

Model

No, tienes razón. Lo frecuente es la tensión acumulada. Las fallas no se mueven continuamente; se rompen de repente después de acumular presión durante años o décadas. Es como un resorte que se comprime lentamente hasta que no aguanta más.

Inventor

¿Entonces por qué los terremotos de 1812 y 1797 fueron tan mortíferos comparados con los recientes?

Model

Población y construcción. En 1812 murieron 26.000 personas. Hoy, con mejor ingeniería y sistemas de alerta, los números son menores aunque la magnitud sea similar. Pero también importa dónde golpea el sismo. Si golpea una ciudad densamente poblada sin infraestructura resistente, como Haití en 2010, los números son catastróficos.

Inventor

¿Qué hace que el terremoto de 1812 sea tan importante históricamente?

Model

Ocurrió en medio de la Guerra de Independencia. Paralizó la capital republicana justo cuando necesitaban coordinación militar. Los realistas españoles ganaron ventaja temporal. Fue un momento donde la naturaleza cambió el curso de la política.

Inventor

¿Hay algo que sugiera que esto volverá a suceder?

Model

La geología no cambia. Las placas siguen moviéndose, las fallas siguen acumulando tensión. Venezuela está condenada a vivir con esto. La pregunta no es si habrá otro gran terremoto, sino cuándo.

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