Venezuela enviará más oxígeno a Brasil mientras enfrenta su propia crisis sanitaria

Amazonas registra 7,500 muertes por COVID-19 y más de 300 pacientes han sido trasladados a otras regiones por colapso hospitalario.
Mientras Venezuela donaba oxígeno, sus propios hospitales no tenían.
La contradicción central de la ayuda humanitaria: un país en crisis enviando recursos que sus ciudadanos desesperadamente necesitaban.

Brasil enfrenta colapso sanitario con 255,000 contagios y consumo de oxígeno triplicado en Amazonas. Venezuela ha donado 136,000 litros de oxígeno pese a su propia crisis de desabastecimiento médico.

  • Amazonas registró 7.500 muertes y 255.000 contagios de COVID-19
  • Venezuela donó 136.000 litros de oxígeno en el primer envío
  • El consumo diario de oxígeno en Amazonas alcanzó 76.000 metros cúbicos, tres veces superior a marzo de 2020
  • Más de 300 pacientes fueron trasladados desde Amazonas a otras regiones por colapso hospitalario

Venezuela anuncia nuevos envíos de oxígeno a Brasil para mitigar la escasez en Amazonas y Roraima, mientras ONG denuncian carencias médicas en hospitales venezolanos.

A finales de enero de 2021, mientras Brasil se hundía en una crisis de oxígeno sin precedentes, Venezuela anunció que enviaría más cargamentos del gas vital a los estados fronterizos brasileños de Amazonas y Roraima. El canciller venezolano Jorge Arreaza lo comunicó por Twitter, citando instrucciones directas del presidente Nicolás Maduro: seguirían enviando oxígeno como "obligación moral y humana". La declaración llegaba horas después de que el presidente brasileño Jair Bolsonaro dijera públicamente que abastecer de oxígeno a Amazonas no era responsabilidad del Gobierno Federal.

La situación en Amazonas había alcanzado niveles catastróficos. El estado registraba aproximadamente 7.500 muertes por COVID-19 y más de 255.000 contagios confirmados. Los hospitales estaban tan saturados que más de 300 pacientes habían sido trasladados a otras regiones del país en busca de camas disponibles. El consumo diario de oxígeno había saltado a 76.000 metros cúbicos, casi tres veces lo que se había registrado en marzo de 2020 durante la primera ola de la pandemia en Manaos.

Venezuela había iniciado esta ayuda dos semanas antes. El 14 de enero, Arreaza anunció que donaría oxígeno para atender la emergencia sanitaria brasileña. Tres días después, varios camiones cargados con cilindros salieron de Venezuela y llegaron a Manaos la noche del 19 de enero. Maduro luego informó que el primer envío consistía en 14.000 bombonas individuales, equivalentes a aproximadamente 136.000 litros de oxígeno.

Pero mientras Venezuela extendía esta mano a su vecino, la ironía de la situación no pasaba desapercibida. Diversas organizaciones no gubernamentales y la oposición venezolana denunciaban constantemente la escasez de material médico y medicinas en los hospitales públicos del país, que atravesaba una grave crisis económica desde hacía más de cinco años. El mismo día que Maduro ordenó el envío de oxígeno, un grupo de paramédicos independientes conocidos como "Ángeles de las Vías" publicó en Instagram que había pasado 14 horas buscando un hospital que aceptara a un paciente con COVID-19. Ninguno tenía cupos disponibles. Finalmente, después de más de medio día, el paciente fue admitido en el Hospital José María Vargas, uno de los principales de Caracas, pero los médicos recomendaron su traslado porque el centro no tenía oxígeno. El paciente terminó en el hospital de campaña que el Gobierno había habilitado en el Poliedro de Caracas, un recinto diseñado originalmente para grandes eventos.

Bolsonaro, quien había sido un crítico feroz de Maduro, respondió a la donación con sarcasmo. "Veo unos idiotas ahí elogiando: 'mire a Maduro que corazón tan grande tiene'. Realmente, de aquel tamaño, 200 kilos y dos metros de altura, el corazón de él debe ser muy grande. Pero nada más allá de eso", dijo el presidente brasileño, burlándose del gesto humanitario. La ayuda continuaría llegando, pero la tensión política entre los dos gobiernos permanecería, así como la pregunta incómoda sobre cómo Venezuela podía enviar recursos que sus propios ciudadanos desesperadamente necesitaban.

Por instrucciones expresas del presidente Nicolás Maduro, desde Venezuela seguiremos enviando oxígeno a los estados de Amazonas y Roraima. Es nuestra obligación moral y humana.
— Jorge Arreaza, canciller venezolano
Veo unos idiotas ahí elogiando: 'mire a Maduro que corazón tan grande tiene'. Realmente, de aquel tamaño, 200 kilos y dos metros de altura, el corazón de él debe ser muy grande. Pero nada más allá de eso.
— Jair Bolsonaro, presidente de Brasil
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¿Cómo es posible que Venezuela, en medio de su propia crisis, tenga oxígeno para enviar a Brasil?

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Esa es la pregunta que muchos se hacían en ese momento. Venezuela tiene reservas de oxígeno porque lo produce internamente, pero el sistema de distribución estaba colapsado. Podían extraer y enviar, pero no podían garantizar que llegara a sus propios hospitales.

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¿Y por qué Maduro decidió hacer esto públicamente, sabiendo que sus ciudadanos lo necesitaban?

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Porque era una oportunidad política. Mostrar solidaridad con Brasil, especialmente cuando Bolsonaro se negaba a hacerlo, era una forma de ganar legitimidad internacional en un momento en que Venezuela estaba aislada.

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Pero ¿no fue contraproducente? Es decir, ¿no reforzó la narrativa de que el Gobierno priorizaba la política sobre la salud de su gente?

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Exactamente. Los "Ángeles de las Vías" lo demostraron con ese caso del paciente que pasó 14 horas buscando cama. Mientras Venezuela donaba oxígeno, sus propios hospitales no tenían. Fue un contraste brutal.

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¿Y la respuesta de Bolsonaro? ¿Fue solo insulto o había algo más?

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Fue insulto, sí, pero también rechazo. Bolsonaro no quería estar en deuda con Maduro, ni siquiera humanitariamente. Prefería burlarse a reconocer que necesitaba ayuda de alguien a quien despreciaba.

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¿Qué pasó después con esos envíos de oxígeno?

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Continuaron llegando, pero la crisis en Amazonas no se resolvió rápidamente. El oxígeno era necesario pero insuficiente. Y en Venezuela, la contradicción siguió siendo evidente: un Gobierno que podía donar pero no podía cuidar a su propia gente.

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