Venezuela intensifica rescates una semana después de los terremotos que dejan 2.295 muertos

El terremoto ha causado 2.295 fallecidos y desplazado entre 12.841 y 16.000 personas que perdieron sus viviendas, durmiendo en carpas mientras continúan las réplicas sísmicas.
No es solo cocinar, es tener el sistema de infraestructura
José Andrés explica la estrategia de World Central Kitchen para sostener la crisis humanitaria en Venezuela.

Una semana después de que dos terremotos sacudieran Venezuela, Caracas sigue suspendida entre la pérdida y la recuperación: 2.295 vidas apagadas, miles de familias bajo carpas, y una tierra que no termina de aquietarse con 782 réplicas. La ciudad intenta retomar su pulso cotidiano, pero cada temblor recuerda que la fragilidad no ha pasado. Desde distintos rincones del mundo —y a pesar de viejas divisiones políticas— la ayuda llega, porque ante la magnitud del dolor humano, algunas fronteras se vuelven porosas.

  • Con 2.295 muertos y hasta 16.000 personas sin hogar, Venezuela enfrenta una de sus mayores catástrofes sísmicas en décadas.
  • Las 782 réplicas registradas mantienen a la población en vilo: algunos duermen en carpas no por falta de techo, sino por miedo a estar dentro de un edificio.
  • En Chacao, tres edificios colapsaron por completo y 80 sufrieron daños estructurales; calles acordonadas y accesos prohibidos ralentizan el regreso a la normalidad.
  • El Gobierno venezolano ha recibido más de 707.000 toneladas de ayuda humanitaria, y la comunidad internacional —incluida la administración Trump— ha declarado que la distribución avanza sin grandes obstáculos.
  • El chef José Andrés llegó al país para reforzar las operaciones de World Central Kitchen, expandiendo la distribución de alimentos en hospitales, campamentos y comunidades aisladas por el miedo.

Una semana después del doble terremoto, Venezuela sigue contando sus muertos y sus ausencias. Los números oficiales hablan de 2.295 fallecidos y entre 12.841 y 16.000 personas que perdieron sus hogares. Caracas, con cinco millones de habitantes, intenta recuperar el ritmo de la vida diaria, pero el esfuerzo es frágil: 782 réplicas sísmicas mantienen a la población en un estado de alerta permanente que no da tregua.

El municipio de Chacao, al este de la capital, concentra algunos de los daños más visibles. Tres grandes edificios se derrumbaron por completo y cerca de 80 sufrieron daños estructurales. Las cintas de advertencia delimitan zonas de peligro, aunque no todos las respetan. Algunos comercios han reabierto y trabajadores regresan a sus empleos, pero el nerviosismo reaparece con cada nuevo temblor. Miles de personas siguen durmiendo en carpas improvisadas —algunas no por falta de vivienda, sino por el miedo a estar bajo un techo mientras la tierra sigue moviéndose.

A pesar de las históricas tensiones políticas que rodean al país, la ayuda internacional ha llegado desde Ecuador, Argentina, El Salvador y también desde la administración de Donald Trump, que declaró que no ha habido problemas significativos en la distribución humanitaria. El Gobierno venezolano reporta haber recibido más de 707.000 toneladas de ayuda en esta primera semana.

Esta semana también llegó el chef español José Andrés, cuya organización World Central Kitchen estuvo presente desde el primer día de la crisis. Andrés subrayó que su trabajo no es solo cocinar: es construir una infraestructura de alimentación que garantice que cada persona —en hospitales, campamentos o comunidades paralizadas por el miedo— reciba lo que necesita cada día. El número de restaurantes y voluntarios crece mientras las réplicas, que podrían prolongarse durante semanas, siguen recordando que la emergencia aún no ha terminado.

Una semana después de que dos terremotos sacudieran Venezuela, la capital sigue contando sus pérdidas. Hasta el momento, 2.295 personas han muerto y entre 12.841 y 16.000 han perdido sus hogares, según cifras del Gobierno y organismos internacionales. Caracas, una ciudad de cinco millones de habitantes, intenta recuperar el ritmo de la vida cotidiana, pero el esfuerzo es frágil, interrumpido constantemente por 782 réplicas sísmicas que mantienen a la población en estado de alerta.

En el municipio de Chacao, al este de la capital, el daño fue más severo. Tres edificios grandes se derrumbaron completamente y aproximadamente 80 sufrieron daños estructurales. Las calles de esa zona permanecen acordonadas con cintas de advertencia que dicen "No pase, peligro", aunque algunos residentes ignoran las señales. En otros edificios de oficinas, se ha prohibido temporalmente el acceso mientras se evalúan y reparan los daños. Poco a poco, algunos comercios han reabierto y trabajadores regresan a sus empleos, pero el nerviosismo es palpable cada vez que la tierra tiembla de nuevo.

La crisis humanitaria es inmediata. Miles de personas duermen en carpas improvisadas, esperando poder regresar a sus casas o encontrar un lugar permanente donde vivir. Algunos permanecen bajo lona no por falta de vivienda, sino por miedo a estar dentro de un edificio mientras continúan los temblores. El Gobierno ha recibido 707.063 toneladas de ayuda humanitaria en esta primera semana, según informó Jorge Rodríguez, presidente del Parlamento. Se ha habilitado una página web para recibir donaciones internacionales.

A pesar de las divisiones políticas que históricamente han marcado la región, el apoyo ha llegado desde varios países. Ecuador, Argentina y El Salvador han enviado recursos. Incluso la Administración de Donald Trump, que capturó a Nicolás Maduro hace seis meses, ha declarado que no ha habido "ningún problema grande" en la distribución de la ayuda humanitaria y que sus planes políticos para Caracas permanecen intactos.

Esta semana, el chef español José Andrés llegó a Venezuela para fortalecer las operaciones de su organización World Central Kitchen. La ONG ha estado presente desde el primer día de la crisis, cocinando y distribuyendo alimentos en múltiples localidades. Andrés explicó que el trabajo va más allá de preparar comida: se trata de construir un sistema de infraestructura que garantice que cada día la población reciba lo que necesita. Su equipo está operando en hospitales, campamentos de desplazados y en comunidades donde el miedo a nuevos temblores mantiene a las personas fuera de sus casas. Cada día, según Andrés, el número de restaurantes participantes en la iniciativa crece, así como la cantidad de alimentos y agua distribuidos, adaptándose a las necesidades cambiantes de una población que sigue viviendo bajo la amenaza de réplicas sísmicas que podrían continuar durante semanas.

Al final no es solo cocinar, es tener el sistema de infraestructura para que cada día la gente reciba la comida que necesita
— José Andrés, chef español y director de World Central Kitchen
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
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¿Cómo es posible que después de una semana la gente siga durmiendo en carpas si ya hay 707.000 toneladas de ayuda?

Model

La ayuda llega, pero reconstruir viviendas toma tiempo. Además, muchos tienen miedo de entrar en edificios mientras los temblores continúan. Son 782 réplicas en una semana. La ayuda alimentaria y de agua es inmediata; la vivienda es un proceso.

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¿Por qué el Gobierno y la ONU dan números tan diferentes sobre desplazados?

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El Gobierno contabiliza a quienes perdieron casas formalmente: 12.841. La ONU, a través de Acnur, documenta a todos los que necesitaron buscar otro lugar, incluyendo a quienes se fueron por miedo. Son 16.000. Ambas cifras son reales, solo miden cosas ligeramente distintas.

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¿Qué significa que Trump diga que sus planes sobre Caracas permanecen intactos?

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Significa que capturó a Maduro hace seis meses y tiene una estrategia política para Venezuela. Un terremoto no cambia eso. Pero por ahora, la prioridad es la ayuda humanitaria, no la política.

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¿Por qué es importante que José Andrés esté allí?

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Porque su organización no solo da comida, sino que construye sistemas. Necesitan que cada día haya más restaurantes participando, más agua, más cobertura. Eso requiere liderazgo y experiencia. No es caridad de corto plazo; es infraestructura de crisis.

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¿Cuándo termina esto?

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Las réplicas pueden continuar semanas. La reconstrucción, meses o años. Pero la fase más aguda, donde la gente duerme en carpas y come en campamentos, probablemente se extienda varios meses más.

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