Desde que James Clerk Maxwell demostró que la luz ejerce presión sobre la materia, la humanidad ha guardado en silencio una llave que podría abrir el cosmos. Hoy, esa intuición del siglo XIX se ha transformado en proyectos concretos —velas solares, magnéticas y de energía láser— que representan el único camino técnicamente plausible hacia otras estrellas. Iniciativas como Breakthrough Starshot sueñan con alcanzar Alfa Centauri en veinte años, aunque entre el sueño y el viaje se interpone un abismo energético equivalente a cien centrales nucleares.