La vacuna no evita todos los contagios, sino las consecuencias más graves
Cada invierno, junto con el frío, regresan también las dudas sobre la vacuna contra la influenza. Paulina Rojas, académica de la Universidad Andrés Bello, recuerda que detrás de los mitos persiste una realidad documentada por la OMS: mil millones de infecciones anuales y hasta 650 mil muertes por complicaciones respiratorias. La ciencia no ofrece una protección perfecta, pero sí una herramienta que reduce hospitalizaciones, alivia el peso sobre los sistemas de salud y protege a quienes más lo necesitan.
- El mito de que la vacuna causa influenza persiste con fuerza cada temporada, generando desconfianza justo cuando los contagios comienzan a escalar.
- Mientras la gente delibera, las camas de hospital se llenan y algunas personas terminan en cuidados intensivos por una enfermedad que pudo haberse prevenido.
- La vacuna debe actualizarse cada año porque el virus muta constantemente: una red global coordinada por la OMS analiza miles de muestras para anticipar las cepas dominantes.
- La evidencia científica muestra que vacunarse reduce significativamente hospitalizaciones y cuadros graves, aunque no garantice evitar todos los contagios.
- Vacunarse protege también a los más vulnerables del entorno —adultos mayores, recién nacidos, personas inmunocomprometidas— al reducir la circulación del virus en la comunidad.
Cuando llega el invierno, junto con el frío regresan las mismas preguntas: ¿puede la vacuna causar la enfermedad? ¿Por qué vacunarse de nuevo si ya lo hicimos el año pasado? Paulina Rojas, académica de la Escuela de Química y Farmacia de la Universidad Andrés Bello, lleva años respondiendo estas dudas. Lo primero que aclara es que la influenza no es un resfrío fuerte: es una enfermedad respiratoria aguda que puede derivar en neumonía, insuficiencia respiratoria y muerte. La OMS estima cerca de mil millones de infecciones anuales y entre 290 mil y 650 mil muertes por complicaciones respiratorias.
El mito más extendido —que la vacuna causa influenza— es también el más fácil de desmontar. Las vacunas usadas en Chile contienen virus inactivados o fragmentos de proteínas virales que no pueden multiplicarse ni provocar la enfermedad. Las molestias leves que algunas personas sienten en las primeras 48 horas son señales del sistema inmunológico construyendo defensas, no síntomas de gripe. La confusión surge también porque el cuerpo necesita unas dos semanas para desarrollar protección completa, tiempo durante el cual otros virus respiratorios circulan libremente.
La vacuna cambia cada año porque el virus muta de forma constante mediante un proceso llamado deriva antigénica. Una red internacional coordinada por la OMS analiza miles de muestras de distintos países para anticipar cuáles serán las cepas dominantes en cada hemisferio. A esto se suma que la protección inmunológica disminuye con el tiempo, especialmente en personas mayores, lo que hace necesaria la dosis anual.
La vacuna no promete evitar todos los contagios, pero sí reduce significativamente las consecuencias más graves. Quienes se contagian tras vacunarse desarrollan cuadros más leves y tienen menor riesgo de requerir cuidados intensivos. Además, vacunarse reduce la circulación del virus en la comunidad, protegiendo a adultos mayores, recién nacidos y personas con sistemas inmunológicos debilitados. No es una solución perfecta, pero décadas de investigación respaldan que sigue siendo una de las medidas preventivas más efectivas disponibles.
Cuando llega el invierno, junto con el frío regresa un visitante incómodo: el virus de la influenza. Y con él, como cada año, reaparecen las dudas. ¿Puede la vacuna causar la enfermedad? ¿Por qué hay que vacunarse de nuevo si ya lo hicimos el año pasado? ¿Realmente sirve si igual podemos contagiarnos? Estas preguntas circulan en conversaciones, en redes sociales, en consultorios médicos. Y mientras la gente delibera, los contagios suben, las camas de hospital se llenan, y algunas personas terminan en unidades de cuidados intensivos por una enfermedad que pudo haberse prevenido.
Paulina Rojas, académica de la Escuela de Química y Farmacia de la Universidad Andrés Bello, ha pasado años respondiendo estas mismas preguntas. Lo que ella explica es que la influenza no es un resfrío fuerte, aunque muchos la confundan así. Es una enfermedad respiratoria aguda causada por virus específicos que puede derivar en neumonía, insuficiencia respiratoria, y en casos extremos, la muerte. Las cifras de la Organización Mundial de la Salud ponen esto en perspectiva: cada año hay cerca de mil millones de infecciones, entre tres y cinco millones de casos graves, y entre 290 mil y 650 mil muertes por complicaciones respiratorias. No son números abstractos. Son personas que no pudieron respirar.
El mito más persistente es también el más fácil de desmontar: que la vacuna causa influenza. Las vacunas usadas en Chile contienen virus inactivados o solo fragmentos de proteínas virales. No pueden multiplicarse. No pueden causar la enfermedad. No existe, según Rojas, ningún mecanismo biológico que lo permita. Lo que sí ocurre es que algunas personas sienten molestias leves en las primeras 24 a 48 horas después de vacunarse: dolor en el brazo, fiebre baja, cansancio. Pero eso no es la enfermedad. Es el sistema inmunológico trabajando, construyendo defensas. Hay otro fenómeno que confunde a la gente: alguien se vacuna y pocos días después se enferma. Pero el cuerpo necesita alrededor de dos semanas para desarrollar una protección completa. En invierno, mientras tanto, circulan muchos otros virus respiratorios. El contagio puede adelantarse a la protección.
La razón por la que la vacuna cambia cada año es que el virus no se queda quieto. Muta constantemente mediante pequeñas alteraciones genéticas, un proceso que los científicos llaman deriva antigénica. Por eso una red internacional coordinada por la OMS analiza miles de muestras de virus de distintos países para anticipar cuáles serán las cepas dominantes en cada hemisferio. Es un trabajo de predicción basado en vigilancia global. Además, la protección inmunológica que genera la vacuna disminuye con el tiempo, especialmente en personas mayores. Por eso la dosis debe repetirse cada año.
Ahora bien, ¿funciona? La evidencia científica dice que sí, aunque no de la manera que muchos esperan. La vacuna no promete evitar todos los contagios. Lo que hace es reducir significativamente las consecuencias más graves. Estudios en países del hemisferio sur muestran una disminución importante de hospitalizaciones, especialmente entre adultos mayores y personas con enfermedades crónicas. Quienes se contagian después de vacunarse desarrollan cuadros más leves y tienen menor riesgo de terminar en cuidados intensivos. La diferencia entre un resfrío que dura una semana y una neumonía que requiere oxígeno es enorme.
Hay un aspecto que a menudo se pasa por alto: vacunarse no solo protege al que recibe la inyección. Reduce la circulación del virus en la comunidad y disminuye las posibilidades de contagiar a los más vulnerables: adultos mayores, recién nacidos, personas con sistemas inmunológicos debilitados. Es un acto que tiene consecuencias que van más allá del cuerpo individual. Rojas lo resume así: el objetivo principal de la vacuna no es evitar todos los contagios, sino prevenir las consecuencias más graves. Y décadas de investigación respaldan que la vacunación anual sigue siendo una de las medidas preventivas más efectivas que tenemos. No es perfecta. Pero funciona.
Citações Notáveis
No existe ningún mecanismo biológico por el cual estas vacunas puedan causar la enfermedad— Paulina Rojas, académica de la UNAB
El objetivo principal de la vacuna no es evitar todos los contagios, sino prevenir las consecuencias más graves de la enfermedad— Paulina Rojas, académica de la UNAB
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué la gente sigue creyendo que la vacuna causa influenza si la ciencia lo ha desmentido tantas veces?
Porque la experiencia personal es más poderosa que la estadística. Alguien se vacuna, se enferma días después, y su conclusión es lógica desde su perspectiva: la vacuna me enfermó. Pero el cuerpo tarda dos semanas en estar protegido, y en invierno hay muchos virus circulando. La coincidencia se parece a la causalidad.
¿Entonces la vacuna no previene la influenza?
Previene la enfermedad en algunos casos, pero ese no es su objetivo principal. Su objetivo es evitar que una infección se convierta en una hospitalización, en una neumonía, en algo que requiera cuidados intensivos. Es la diferencia entre estar enfermo una semana y estar en el hospital dos meses.
¿Por qué cambia la vacuna cada año? ¿No podría haber una vacuna universal?
El virus muta constantemente. Es como si el enemigo cambiara de uniforme cada temporada. La OMS monitorea miles de muestras globales para adivinar cuáles serán las cepas dominantes. Es predicción basada en vigilancia. Una vacuna universal sería ideal, pero el virus no coopera.
¿Quién se beneficia más de la vacuna?
Los adultos mayores, las personas con enfermedades crónicas, los embarazadas, los niños pequeños. Pero también todos los demás, porque al vacunarse reducen la circulación del virus y protegen a los más vulnerables. Es un beneficio que se expande hacia afuera.
¿Qué pasa si alguien se vacuna y igual se contagia?
Que probablemente tendrá un cuadro más leve. Menos riesgo de complicaciones graves, menos riesgo de hospitalización. La vacuna no es un escudo impenetrable. Es un amortiguador.