Una de cada tres chicas adolescentes sufrió violencia familiar en los últimos doce meses
En España, uno de cada cuatro adolescentes ha vivido alguna forma de violencia dentro del hogar durante el último año, según un informe de UNICEF basado en más de cuatro mil entrevistas a jóvenes de entre 14 y 17 años. La violencia psicológica —gritos, humillaciones, amenazas— es la más extendida, y las chicas la padecen con una frecuencia que duplica la de los chicos. Lo que este estudio ilumina no es solo una estadística, sino una fractura silenciosa en el espacio que debería ser el más seguro: el hogar.
- Una de cada tres adolescentes mujeres sufrió violencia familiar en los últimos doce meses, una cifra que revela una desigualdad de género profunda y sistemática dentro del propio núcleo familiar.
- La violencia psicológica —gritos, humillaciones y amenazas de padres o cuidadores— afecta al 16,9% de los adolescentes, mientras que el maltrato físico alcanza al 7%, y la violencia indirecta entre progenitores expone a otro 14,2%.
- El silencio agrava la crisis: menos del 10% de los casos se denuncia, dejando a la mayoría de las víctimas sin acceso a protección ni acompañamiento institucional.
- UNICEF urge a transformar escuelas, hospitales y espacios públicos en entornos protectores con profesionales formados, pero la figura del coordinador de bienestar escolar —exigida por ley— sigue sin implementarse plenamente en muchos centros educativos.
Un informe de UNICEF publicado esta semana revela que el 25% de los adolescentes españoles de entre 14 y 17 años ha sufrido violencia en su hogar durante el último año. El estudio, basado en entrevistas a más de 4.000 menores, busca dimensionar el problema y orientar políticas de prevención.
La violencia no afecta a todos por igual. Las chicas tienen el doble de probabilidades de ser víctimas: el 32,9% reportó haber vivido violencia familiar frente al 18,6% de los chicos. La forma más común es la violencia psicológica —gritos, humillaciones y amenazas de padres o cuidadores—, que afecta al 16,9% de los encuestados. Le sigue la violencia física, con un 7%. Existe también la violencia indirecta, cuando el adolescente presencia agresiones entre miembros del hogar, que alcanza al 14,2% de los menores.
El informe señala que el riesgo se amplifica en ciertos perfiles: ser mujer, pertenecer a una minoría sexual o étnica, o haber nacido fuera de España son factores que se solapan y elevan la vulnerabilidad. En cuanto a los perpetradores, en la violencia directa son principalmente los propios progenitores; en la sexual, figuras paternas u otros cuidadores varones.
Lo que más preocupa a los investigadores es el silencio: menos del 10% de los casos se denuncia. Ante ello, UNICEF recomienda convertir todos los espacios donde hay niños en entornos protectores con profesionales capacitados. La ley de protección a la infancia ya obliga a los centros educativos a designar un coordinador de bienestar, pero dos años después de su entrada en vigor, muchos colegios aún no han podido implementar esta figura sin sobrecargar a sus docentes. El reto es traducir las recomendaciones en acción real.
Uno de cada cuatro adolescentes en España ha experimentado violencia en su hogar durante el último año. Así lo reveló esta semana un informe de UNICEF basado en entrevistas a más de 4.000 menores de entre 14 y 17 años, un estudio diseñado para entender la magnitud actual del problema y orientar futuras medidas de prevención.
La violencia adopta múltiples formas. Algunos adolescentes reportaron gritos, humillaciones y amenazas. Otros sufrieron maltrato físico. Algunos fueron víctimas de agresión sexual. Lo que el informe deja claro es que esta realidad no afecta por igual a todos. Las chicas tienen el doble de probabilidades de sufrir violencia a manos de sus padres o cuidadores principales: mientras que el 18,6% de los chicos reportó haber vivido esta experiencia en los últimos doce meses, entre las chicas la cifra alcanza el 32,9%. Dicho de otra manera, una de cada tres adolescentes mujeres sufrió violencia familiar en ese período.
La violencia psicológica y emocional es la más prevalente, reportada por el 16,9% de los encuestados. Consiste en gritos, humillaciones y amenazas dirigidas directamente por padres o cuidadores. La violencia física le sigue en frecuencia, afectando al 7% de los adolescentes. La violencia sexual es menos común en los reportes, aunque los investigadores señalan que esto probablemente refleja abusos que comenzaron en la infancia y persisten en la adolescencia. Comparando con otros estudios, observan que las agresiones sexuales tienden a disminuir conforme los menores crecen, lo que sugiere que los casos reportados en adolescencia son en realidad "residuos" de abuso iniciado años atrás.
Existe también lo que el informe denomina violencia indirecta: cuando un adolescente está expuesto a violencia entre sus progenitores, hermanos, abuelos u otros miembros del hogar. Esta afecta al 14,2% de los menores. La forma más común es la violencia verbal entre padres, cuando uno humilla o insulta al otro frente al adolescente.
El estudio identifica factores que aumentan el riesgo de sufrir esta violencia. Ser mujer es el más determinante. También lo son la edad más joven dentro del rango adolescente, pertenecer a una minoría sexual, ser de un grupo étnico minoritario, o haber nacido fuera de España. Estos factores se solapan y amplifican el riesgo.
Quiénes ejercen la violencia es también revelador. En la violencia directa, son principalmente las madres y padres. Cuando se trata de violencia sexual, los perpetradores son típicamente figuras paternas u otros cuidadores varones. En la violencia indirecta, los padres suelen dirigir la agresión hacia la madre, y las madres hacia los abuelos.
Lo más preocupante es el silencio. Menos del 10% de los casos de violencia contra menores se denuncia. Ante esto, UNICEF ha emitido recomendaciones centradas en prevención y detección temprana. La organización enfatiza que todos los espacios donde hay niños—escuelas, parques, polideportivos, hospitales—deben convertirse en entornos protectores con profesionales capacitados para prevenir, detectar y responder a la violencia.
La ley de protección a la infancia ya exige que los centros educativos designen un coordinador de bienestar responsable de identificar posibles casos de violencia. Sin embargo, dos años después de su entrada en vigor, muchos colegios reportan dificultades para implementar esta figura sin sobrecargar a los docentes. El desafío ahora es convertir estas recomendaciones en realidad operativa.
Citas Notables
Todos los ámbitos en los que haya niños deben ser entornos protectores, con profesionales preparados y formados para prevenir esas violencias, detectarlas y dar respuesta cuando han ocurrido— UNICEF, en sus recomendaciones
Dos años después de la entrada en vigor de la ley de protección a la infancia, varios colegios reportan dificultades para implantar la figura del coordinador de bienestar sin sobrecargar a los docentes— Reportes de centros educativos
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué el informe de UNICEF se enfoca específicamente en adolescentes de 14 a 17 años?
Porque es una franja donde la violencia ya está consolidada pero los adolescentes pueden articular lo que viven. A edades más tempranas, la capacidad de reconocer y reportar violencia es menor. Este grupo tiene la madurez para identificarla.
El dato de que las chicas sufren el doble de violencia—¿es porque denuncian más, o porque realmente la sufren más?
El informe sugiere que es real. Los factores de riesgo identificados—ser mujer, minoría sexual, minoría étnica—no son sobre quién denuncia, sino sobre quién es vulnerable. Las dinámicas de poder en el hogar tienden a dirigirse hacia las mujeres.
¿Por qué la violencia sexual es tan poco reportada en adolescencia si es tan grave?
Los investigadores tienen una hipótesis incómoda: muchos de esos abusos comenzaron en la infancia. Lo que ves en adolescencia son los "residuos" de algo que empezó años atrás. Es un problema que se arrastra.
Menos del 10% se denuncia. ¿Qué impide que los adolescentes hablen?
El miedo, la normalización, la vergüenza, la dependencia económica del agresor. Y también que muchos no saben que lo que viven es violencia. Cuando es tu padre o tu madre, es difícil verlo como tal.
¿Qué cambiaría si cada escuela tuviera realmente un coordinador de bienestar?
Alguien que mira, que pregunta, que cree a los menores. Pero el sistema está fallando porque no hay recursos suficientes. Los docentes ya están saturados. Es una recomendación sin financiamiento real.
¿Qué debería suceder ahora?
Que esto deje de ser un informe y se convierta en política. Espacios seguros, profesionales formados, denuncia sin miedo. Pero eso requiere dinero, voluntad política y cambio cultural. Estamos lejos de eso.