Uno de cada cuatro adolescentes argentinos participó en retos virales en el último año

Adolescentes han fallecido por participar en retos virales como la privación extrema del sueño; miles están expuestos a autolesiones, ciberbullying y grooming.
El adolescente actual tiene un nuevo egocentrismo: 'A mí no me pasa nada'
Santiago Resett explica por qué los jóvenes subestiman los riesgos de los desafíos virales.

En un momento en que las pantallas median gran parte de la vida adolescente, un estudio de la Universidad Austral revela que uno de cada cuatro jóvenes argentinos participó en al menos un reto viral durante el último año. Detrás de esa cifra no hay solo curiosidad o travesura: hay privación extrema del sueño, autolesiones y una búsqueda desesperada de pertenencia que las plataformas digitales amplifican sin piedad. La investigación, publicada en la revista internacional Youth & Society, invita a preguntarnos qué tipo de comunidad estamos ofreciendo a nuestros adolescentes cuando el riesgo físico se convierte en moneda de aceptación social.

  • Uno de cada cuatro adolescentes argentinos de entre 11 y 17 años participó en retos virales en el último año, y un 6% admitió haber realizado cinco o más desafíos distintos.
  • Algunos de estos retos implican privación extrema del sueño, autosofocación hasta perder la conciencia y autolesiones; jóvenes han muerto por estas prácticas en distintos países.
  • TikTok eliminó casi 700.000 videos en Argentina en el último trimestre de 2024 por violar normas comunitarias, pero muchos desafíos peligrosos siguen escapando tanto al algoritmo como a la moderación humana.
  • El estudio detectó correlaciones altas entre la motivación de pertenecer a un grupo a través de estos retos y la adicción digital, el ciberbullying y el grooming.
  • Expertos advierten que la baja conciencia del riesgo entre adolescentes y padres es tan preocupante como los retos mismos, y piden fortalecer el pensamiento crítico digital en lugar de recurrir a prohibiciones.

Hace poco más de dos meses, Argentina vivió una ola de amenazas a escuelas que se propagó por redes sociales tras la tragedia de San Cristóbal, donde un estudiante armado mató a un compañero. Aquella crisis se detuvo, pero el fenómeno más amplio de los retos virales entre jóvenes sigue avanzando.

Un estudio de la Universidad Austral encuestó a 848 adolescentes de entre 11 y 17 años y encontró que el 25% participó en al menos un reto viral durante el último año. El 14% realizó uno o dos desafíos; el 6% aseguró haber hecho cinco o más. Los resultados, publicados en la revista Youth & Society, sugieren que estos desafíos forman parte de la experiencia cotidiana de una proporción significativa de jóvenes argentinos.

Lo que más preocupa a los investigadores es lo que acompaña esa participación. Santiago Resett, del Conicet-Universidad Austral, enumera algunos de los retos que surgieron en las respuestas: pasar la mayor cantidad de tiempo sin dormir, autosofocarse hasta perder la conciencia. Algunos jóvenes han muerto por estas prácticas. Otros desafíos implican autolesiones que se propagan masivamente por TikTok, Instagram y YouTube, plataformas con una penetración de entre el 62% y el 95% entre adolescentes argentinos.

Detrás de la participación hay una motivación clara: la necesidad de aprobación social. El 11% de los encuestados dijo que le gusta que otros imiten el desafío que compartió; el 6% señaló que disfruta hacerlos para sentirse parte de un grupo. El estudio detectó una correlación alta entre esa motivación de pertenencia y los problemas asociados al uso compulsivo de internet y la adicción a Instagram.

Resett advierte que la baja conciencia del riesgo entre adolescentes y padres es tan alarmante como los retos mismos. Rechaza las prohibiciones y los sermones moralizantes, y propone en cambio enseñar a pensar en las consecuencias de las propias acciones. Sin una intervención reflexiva desde las familias y las escuelas, concluye, el ciclo probablemente continuará.

Hace poco más de dos meses, la Argentina enfrentó una crisis que puso en evidencia cuán rápido pueden propagarse los desafíos virales entre adolescentes. Mensajes que anunciaban ataques a escuelas circulaban por las redes sociales, obligando a suspender clases y desplegar operativos de seguridad en distintos distritos. El detonante había sido la tragedia en San Cristóbal, Santa Fe, donde un estudiante ingresó armado a su colegio y mató a un compañero de primer año. Aquella ola de amenazas, que llevó a que algunos padres tuvieran que costear los gastos de seguridad, finalmente se detuvo. Pero el fenómeno más amplio de los retos virales entre jóvenes sigue avanzando sin pausa.

Un estudio reciente de la Universidad Austral ofrece números que resultan inquietantes. Investigadores entrevistaron a 848 adolescentes argentinos de entre 11 y 17 años y encontraron que uno de cada cuatro participó en al menos un reto viral durante el último año. El desglose es revelador: el 14% realizó uno o dos desafíos, el 5% participó en tres o cuatro, y el 6% aseguró haber hecho cinco o más. Estos números no son anécdotas aisladas. El estudio, publicado en la revista científica internacional Youth & Society, sugiere que los retos virales forman parte de la experiencia cotidiana de una proporción significativa de adolescentes argentinos.

Lo que preocupa a los investigadores no es solo la participación, sino lo que la acompaña. El análisis detectó asociaciones significativas entre participar en retos virales y mayores niveles de adicción digital, especialmente vinculados al uso problemático de Instagram e internet. Santiago Resett, investigador independiente del Conicet-Universidad Austral, enumera algunos de los desafíos que surgieron en las respuestas de los adolescentes: intentar pasar la mayor cantidad de tiempo sin dormir, autosofocarse hasta perder la conciencia. Algunos jóvenes han muerto por estas prácticas. Otros retos implican autolesiones o conductas de riesgo que se propagan masivamente a través de plataformas como TikTok, Instagram y YouTube.

La escala de estos contenidos es vasta. TikTok informó que en el último trimestre de 2024 eliminó casi 700.000 videos en Argentina por violación de normas comunitarias, muchos de ellos retos virales peligrosos. A nivel global fueron poco más de 150 millones de videos. Aun así, muchos desafíos logran traspasar tanto la moderación del algoritmo como la supervisión humana. YouTube tiene una presencia del 95% entre adolescentes argentinos; TikTok, del 67%; Instagram, del 62%. Son plataformas que investigaciones indican son sumamente adictivas.

Detrás de la participación en estos retos hay motivaciones que Resett identifica claramente: la necesidad de aprobación social, el deseo de sentirse aceptados. El 11% de los encuestados dijo que le gusta que otras personas lo imiten y realicen el desafío que compartió. El 6% señaló que disfruta hacer retos virales con otras personas para sentirse parte de un grupo. Lo que sorprendió a los investigadores fue la poca conciencia del riesgo que existe tanto entre los adolescentes como entre sus padres. Resett explica que aunque un reto no sea intrínsecamente peligroso, genera una sobreexposición digital en menores de edad que comparten mucha información personal. Esa sobreexposición aumenta las probabilidades de sufrir acoso virtual, ciberbullying, grooming.

El investigador subraya que no se trata simplemente del uso de la red social en sí. Hay adolescentes que presentan vulnerabilidades particulares: algunos son muy desinhibidos, buscadores de sensaciones; otros son tímidos y retraídos, pero encuentran en el celular y las redes sociales un lugar para exponerse. El estudio detectó una correlación alta entre la motivación social para participar en desafíos virales y los problemas asociados al uso excesivo de internet. Cuanto más importante es para los adolescentes participar en estos retos para sentirse incluidos, más probable es que experimenten dificultades vinculadas al uso compulsivo de internet. También halló una correlación alta entre la satisfacción generada por los retos y la adicción a Instagram.

Resett rechaza la idea de simplemente prohibir las nuevas tecnologías o dar sermones moralizantes. Sugiere en cambio trabajar desde la reflexión y enseñar a pensar en las consecuencias de las acciones. Insiste en que resulta llamativo el bajo nivel de involucramiento de los padres. El adolescente actual tiene un nuevo egocentrismo desde el que dice "A mí no me pasa nada". Por eso es tan importante que las escuelas y las familias se involucren. Fortalecer el pensamiento crítico digital y promover un uso más responsable de las redes sociales resulta clave para prevenir conductas de riesgo asociadas a los desafíos virales. Sin esa intervención reflexiva, el ciclo probablemente continuará.

Algunos retos pueden afectar nocivamente la salud física y mental, incluyendo privación extrema del sueño y autolesiones
— Santiago Resett, investigador del Conicet-Universidad Austral
Los motivos sociales están detrás de los retos, el no quedarse afuera del grupo. Hay poca conciencia del riesgo tanto entre adolescentes como entre sus padres
— Santiago Resett
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué crees que uno de cada cuatro adolescentes se anima a participar en estos retos si saben que pueden ser peligrosos?

Model

No es que sepan que son peligrosos. Ese es el punto. La mayoría no ve el riesgo. Lo que ven es que sus amigos lo hacen, que otros chicos lo hacen, y sienten que si no participan se quedan afuera.

Inventor

Pero algunos de estos retos son extremos. Privarse de dormir hasta perder la conciencia. ¿Cómo no ven el peligro?

Model

Porque el adolescente tiene un egocentrismo particular. Cree que a él no le va a pasar nada. Es como si pensara que los riesgos son para otros. Además, la plataforma amplifica todo. Un reto que hace un chico en una ciudad se propaga a miles en horas.

Inventor

¿Y los padres? ¿Dónde están?

Model

Ese es otro problema. Los padres tienen muy poca conciencia de lo que está pasando. No ven la sobreexposición digital, no entienden cómo funciona el algoritmo, no saben qué retos están circulando. Y cuando se enteran, a menudo es demasiado tarde.

Inventor

¿Entonces la solución es prohibir las redes sociales?

Model

No. Prohibir no funciona. Los chicos van a encontrar la manera de acceder de todas formas. Lo que funciona es enseñarles a pensar críticamente, a preguntarse por las consecuencias antes de hacer algo. Pero eso requiere que los adultos estén presentes, que conversen, que no prediquen.

Inventor

¿Hay algo que te sorprendió del estudio?

Model

Sí. La correlación entre participar en retos virales y desarrollar adicción digital. No es que los chicos adictos hagan retos. Es que hacer retos los vuelve más adictos. Es un círculo que se alimenta a sí mismo.

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