Una gijonesa logra la máxima nota en la PAU con un 14: quiere ser astrofísica

Si veo que soy capaz, quiero hacerlo
Lucía Rodríguez explica la mentalidad que la llevó a lograr la máxima calificación en la PAU.

En Gijón, dos jóvenes han alcanzado las cimas del sistema de acceso universitario español no por azar ni por agotamiento, sino por una disciplina que supo hacer espacio para la vida. Lucía Rodríguez, con un 14 perfecto en la PAU, y Mario Villa, rozando ese mismo umbral con 13,964, encarnan algo más que el éxito académico: la posibilidad de que la excelencia y el equilibrio no sean fuerzas opuestas. Sus historias, surgidas del IES El Piles y del IES Roces respectivamente, invitan a preguntarse qué significa realmente prepararse para el futuro.

  • Lucía Rodríguez obtiene un 14 en la PAU —la nota máxima posible— sorprendiéndose a sí misma, pese a haber llegado con un expediente de dieces en Bachillerato.
  • La tensión entre rendimiento y bienestar se resuelve de forma inesperada: Lucía siguió entrenando natación y compitiendo durante las semanas de preparación, convencida de que el deporte le despejaba la mente.
  • Mario Villa, con 13,964, estuvo a décimas del 14 y apenas estudió en casa, apoyándose en las clases de refuerzo del instituto como su principal herramienta.
  • Ambos estudiantes coinciden en que el segundo curso de Bachillerato fue más exigente que la propia PAU, desmontando el relato del examen como prueba suprema.
  • Lucía ya planea un postgrado en astrofísica y una carrera en investigación o docencia; Villa se orienta hacia un doble grado en Ciencias Políticas y Derecho en Salamanca, con la filosofía política como vocación de fondo.

Lucía Rodríguez abrió el sobre con sus resultados de la PAU esperando una nota muy buena, pero no la perfección absoluta. El 14 que encontró —la calificación máxima posible— la pilló por sorpresa, aunque había llegado a los exámenes con dieces en todas las asignaturas de Bachillerato. Estudiante del IES El Piles de Gijón, su preparación comenzó tres semanas antes con una rutina matutina de estudio que nunca sacrificó la natación. Entrenaba con el Grupo Covadonga e incluso compitió en la Villa de Gijón durante ese período. "Me despejaba la cabeza bastante", explica.

Su verdadera pasión no son las matemáticas ni la física en abstracto, sino el cosmos. Desde segundo de ESO la astrofísica la cautiva: los agujeros negros, las estrellas, los misterios del universo. Consume vídeos de una hora sobre estos temas con la misma naturalidad con que otros navegan las redes sociales. Sabe que en el grado solo tendrá una asignatura de astrofísica en el último curso, así que ya piensa en un postgrado específico y en una carrera en investigación o docencia. Para ella, segundo de Bachillerato fue más duro que la PAU. "Si veo que soy capaz, quiero hacerlo", resume su filosofía.

Muy cerca en el ranking apareció Mario Villa, del IES Roces, con una media de 13,964. Solo unas décimas lo separaron del 14, y una calificación de Educación Física en primero de Bachillerato cerró esa puerta. Su método fue radicalmente distinto: prácticamente no estudió en casa, vivió las dos semanas previas "como si fuera ya verano", dibujando y descansando, y confió en las clases de refuerzo del instituto. Estudiante de letras, concentró su atención en Lengua y Filosofía por considerarlas más subjetivas en su corrección.

Villa planea cursar un doble grado en Ciencias Políticas y Derecho en Salamanca, atraído no por los focos de la política sino por su dimensión filosófica y teórica. Lo que comparten ambos jóvenes, más allá de sus calificaciones, es una visión clara de hacia dónde van y la capacidad de estructurar el esfuerzo sin convertirlo en una carga.

Lucía Rodríguez abrió el sobre con los resultados de la PAU y se encontró con algo que ni siquiera se había permitido esperar del todo: un 14, la calificación máxima posible en la prueba de acceso a la universidad. La estudiante del IES El Piles de Gijón había llegado a los exámenes con un expediente impecable —dieces en todas partes durante Bachillerato— pero la perfección absoluta seguía siendo un territorio desconocido. "Me pilló de sorpresa la noticia", reconoce. "Me esperaba muy buena nota, pero nunca esperas sacarlo todo".

Su estrategia de preparación fue metódica pero no obsesiva. Tres semanas antes de los exámenes comenzó a revisar el material con seriedad. Se levantaba alrededor de las ocho y media cada mañana para estudiar, manteniendo una rutina que le permitía avanzar sin quemarse. Lo que distingue su preparación no fue solo el tiempo invertido, sino cómo lo distribuyó: entre las sesiones de estudio encontraba espacio para la natación en el Grupo Covadonga, un deporte que le servía para despejar la mente. Incluso participó en la competición Villa de Gijón durante esas semanas previas a los exámenes. "Continué en natación porque me despejaba la cabeza bastante", explica.

Rodríguez cursó la especialidad científica, pero su verdadero norte está más allá de las matemáticas y la física convencionales. Quiere estudiar una carrera en Matemáticas y Física con énfasis en la segunda disciplina, pero solo como trampolín hacia lo que realmente la cautiva: la astrofísica. Desde finales de segundo de ESO, el espacio la ha fascinado. Los agujeros negros, las estrellas, los misterios del cosmos. Consume vídeos de YouTube de una hora de duración sobre estos temas con la dedicación que otros reservan para las redes sociales. "Poder estudiar ese tema que es tan apasionante sería un sueño", dice. Sabe que en la carrera de grado solo tendrá una asignatura dedicada a astrofísica en el último curso, así que ya está pensando en un postgrado específico. Su plan es trabajar en investigación o ser profesora de la materia.

Cuando se le pregunta sobre la dificultad relativa de la PAU comparada con el resto del Bachillerato, su respuesta es contundente: segundo de Bachillerato fue más duro. "Son dos semanas que tienes que estudiar mucho, pero es peor 2º Bachillerato que la PAU", asegura. Incluso los compañeros con los que habló coincidían en que los días de examen no fueron tan traumáticos como esperaban. Lo que la llevó a perseguir la máxima nota no fue la presión externa sino una convicción personal: "Si veo que soy capaz, quiero hacerlo".

Muy cerca de Rodríguez en el ranking de excelencia quedó Mario Villa, del IES Roces, con una media de 13,964. Solo unas décimas lo separaban del 14. Villa, de 18 años y vecino de Montevil, obtuvo un 10 en la PAU pero una calificación de Educación Física en primero de Bachillerato le impidió alcanzar la perfección. Su perspectiva sobre los exámenes fue diferente: "Me pareció bastante fácil, en el curso tuvimos exámenes bastante más difíciles que los que hice en la PAU". A diferencia de Rodríguez, Villa es estudiante de letras. Planea cursar un doble grado en Ciencias Políticas y Derecho en la Universidad de Salamanca.

Su método de preparación fue más relajado. Prácticamente no estudió en casa, solo durante los días de examen. En las dos semanas previas, simplemente asistía al instituto como si fuera un día normal, manteniendo la rutina y el ritmo sin hacer esfuerzos extraordinarios. Su descanso lo vivió "como si fuera ya verano", dibujando en casa y dedicándose a sus aficiones con tranquilidad. Las clases de refuerzo en el instituto fueron, según él, la clave de su éxito. Aunque las matemáticas no le resultan difíciles, concentró su atención en Lengua y Filosofía, disciplinas que considera más teóricas y subjetivas en su corrección. "No tenía miedo, pero por asegurar la parte teórica", explica su estrategia.

Villa siempre se ha sentido atraído por la política, pero no por los focos. Su interés está en la filosofía política y en el trabajo teórico detrás de las cámaras. Ya ha comenzado a formarse por su cuenta en estos años, y el doble grado le ofrece más salidas profesionales. Tampoco descarta acabar en la docencia, aunque desde la perspectiva política. Lo que ambos estudiantes comparten, más allá de sus calificaciones excepcionales, es una claridad sobre qué quieren hacer con su educación y una capacidad para estructurar su esfuerzo de manera que el trabajo intenso no se sienta como una carga insoportable.

Me pilló de sorpresa la noticia, me esperaba muy buena nota, pero nunca esperas sacarlo todo
— Lucía Rodríguez
Desde finales de 2º de ESO me empezó a interesar un montón el tema del espacio, los agujeros negros, las estrellas
— Lucía Rodríguez
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
Inventor

¿Qué te sorprendió más cuando viste el 14 en tu pantalla?

Model

Que realmente había llegado. Esperaba una nota muy buena, pero el 14 es el techo absoluto. No es algo en lo que pienses mientras estudias.

Inventor

Tres semanas de preparación intensiva. ¿No te pareció poco tiempo?

Model

Honestamente, segundo de Bachillerato fue más duro. La PAU es concentrada, pero sabes exactamente qué esperar. El resto del curso es más largo y más incierto.

Inventor

¿Por qué seguiste nadando durante esas semanas?

Model

Porque necesitaba despejarme. Si hubiera estado estudiando todo el día sin parar, habría perdido la cabeza. La natación me permitía volver a los libros con la mente fresca.

Inventor

Dices que si ves que eres capaz, quieres hacerlo. ¿De dónde viene esa ambición?

Model

No sé si es ambición exactamente. Es más que si estoy haciendo algo, quiero hacerlo bien. No tiene sentido conformarse a mitad de camino.

Inventor

¿Cuándo supiste que la astrofísica era lo tuyo?

Model

A finales de segundo de ESO empecé a ver vídeos sobre agujeros negros, sobre las estrellas. Algo hizo clic. Ahora paso horas viendo contenido sobre eso. Es lo único que me mantiene despierta sin esfuerzo.

Inventor

¿Te preocupa que en la carrera solo haya una asignatura de astrofísica?

Model

Por eso estoy pensando en el postgrado. La carrera es el camino, pero el postgrado es donde realmente podré especializarme en lo que me apasiona.

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