No hay espacio inmune a la violencia en Guayaquil
En el aeropuerto más vigilado de Guayaquil, un hombre fue ejecutado a plena luz del día ante familias que esperaban a sus seres queridos, recordando que la violencia en Ecuador no reconoce fronteras ni blindajes. La víctima, presunto líder de una organización criminal, cayó en una zona con controles militares activos desde 2024, apenas un día después de que el presidente Noboa decretara un nuevo estado de excepción. Este episodio no es una anomalía, sino el síntoma más reciente de una crisis que ha normalizado lo extraordinario: Ecuador acumula casi mil días gobernado bajo medidas de emergencia, y la violencia sigue eligiendo sus escenarios.
- Un sicariato en plena zona de llegadas internacionales del aeropuerto de Guayaquil rompió la ilusión de que los espacios militarizados podían contener al crimen organizado.
- Familiares gritaban desesperados a metros de donde yacían los heridos, mientras las operaciones del aeropuerto se interrumpían y dos menores eran detenidos en el parqueadero.
- La víctima, Carlos Alberto Suástegui Villanueva, era señalado como cabecilla de Los Águilas y tenía antecedentes por asesinato, lo que sugiere un ajuste de cuentas entre estructuras criminales que operan sin miedo a los controles del Estado.
- El ataque ocurrió un día después de un nuevo decreto de excepción en diez provincias, evidenciando que la medida, ya casi permanente, no disuade a quienes planifican ejecuciones en los lugares más custodiados.
- El sistema judicial enfrenta su propia crisis paralela: la reciente muerte de la fiscal Alexandra Bravo intensifica el temor entre los funcionarios encargados de perseguir a estas organizaciones.
El miércoles por la tarde, dos hombres cayeron heridos en el cruce peatonal de la terminal de llegadas internacionales del aeropuerto José Joaquín de Olmedo de Guayaquil. Las imágenes que circularon en redes mostraron a personas intentando auxiliarlos mientras familiares gritaban desesperados a metros de la puerta de desembarque. Uno no sobrevivió. Dos menores fueron detenidos en el parqueadero minutos después.
El muerto fue identificado como Carlos Alberto Suástegui Villanueva, de 39 años, presunto cabecilla de Los Águilas, organización criminal que opera desde El Triunfo, a una hora de Guayaquil. Tenía antecedentes por asesinato, asociación ilícita y tenencia ilegal de armas, y había pasado por la cárcel en dos ocasiones. Alguien decidió que su tiempo había terminado, y eligió hacerlo en uno de los lugares supuestamente más protegidos del país.
El aeropuerto lleva bajo resguardo militar desde enero de 2024, cuando hombres armados irrumpieron en un canal de televisión en directo. Las autoridades no han explicado cómo las armas llegaron hasta la zona de llegadas. Los vuelos se reanudaron una vez concluidas las pericias.
El asesinato ocurrió apenas un día después de que el presidente Daniel Noboa decretara un nuevo estado de excepción en diez provincias, incluida Guayas. Con ello, Ecuador se acerca a los mil días acumulados bajo regímenes de excepción desde 2024, una herramienta concebida para lo extraordinario que se ha vuelto rutinaria. El decreto de 75 páginas que lo justifica enumera decenas de hechos violentos recientes, entre ellos el asesinato de la fiscal Alexandra Bravo en Manabí, cuya muerte ha encendido alarmas dentro de un sistema judicial que lleva meses denunciando la falta de garantías para investigar al crimen organizado.
Lo ocurrido en el aeropuerto es un recordatorio brutal: no hay espacio inmune. La violencia no respeta perímetros militarizados ni decretos de excepción. Simplemente continúa, eligiendo sus escenarios, en lugares donde miles de personas pasan cada día esperando que nada suceda.
El miércoles 18 de junio por la tarde, dos hombres cayeron tendidos en el piso del cruce peatonal de la terminal de llegadas internacionales del aeropuerto José Joaquín de Olmedo de Guayaquil. Las imágenes que circularon en redes sociales capturaron lo que ya no sorprende en una ciudad donde la violencia ha colonizado cada rincón: personas intentando auxiliar a los heridos mientras familiares gritaban desesperados a metros de la puerta por donde descienden los pasajeros. Uno de los hombres no sobreviviría. El otro quedó herido. Dos menores fueron detenidos en el parqueadero minutos después.
El muerto fue identificado por el Ministerio del Interior como Carlos Alberto Suástegui Villanueva, de 39 años, a quien las autoridades señalaban como presunto cabecilla de Los Águilas, una organización criminal que opera desde El Triunfo, una localidad rural a una hora de Guayaquil. Suástegui tenía un historial que lo marcaba como objetivo de alto valor: antecedentes por asesinato, asociación ilícita y tenencia ilegal de armas. Había pasado por la cárcel en dos ocasiones. Alguien decidió que su tiempo se había terminado, y eligió hacerlo en uno de los lugares que supuestamente estaba más protegido.
El aeropuerto lleva bajo resguardo militar desde enero de 2024, cuando la violencia escaló hasta el punto de que hombres armados irrumpieron en un canal de televisión mientras transmitía en directo. Desde entonces, los accesos cuentan con controles de seguridad, revisiones para detectar armas y explosivos. Las autoridades aún no han explicado cómo las armas utilizadas en el ataque llegaron hasta la zona de llegadas internacionales. Los vuelos se reanudaron una vez que las pericias terminaron y el Municipio aseguró que los usuarios dentro de la terminal estaban seguros.
El asesinato ocurrió apenas un día después de que el presidente Daniel Noboa decretara un nuevo estado de excepción en diez provincias, entre ellas Guayas, donde se encuentra Guayaquil. Con esta declaratoria, Ecuador se acerca a los mil días acumulados bajo regímenes de excepción desde 2024, una herramienta concebida para circunstancias extraordinarias que se ha convertido en permanente. La medida regirá en territorios donde vive más del 65 por ciento de la población del país.
Noboa había anunciado días antes que los índices de violencia se redujeron un 17 por ciento durante el año. Sin embargo, el decreto de 75 páginas que justifica la nueva excepción enumera decenas de hechos violentos de las últimas semanas: asesinatos de funcionarios públicos, políticos, militares, niños y adolescentes. Entre los casos está el de la fiscal Alexandra Bravo, asesinada en Montecristi, en la provincia de Manabí, también incluida en el estado de excepción. Su muerte ha encendido nuevas alarmas dentro del sistema judicial, cuyos funcionarios llevan meses denunciando la falta de garantías de seguridad para investigar y procesar a las organizaciones criminales.
Lo que sucedió en el aeropuerto de Guayaquil el miércoles es un recordatorio de que no hay espacio inmune. Ni siquiera los lugares que el Estado ha blindado militarmente. La violencia no respeta perímetros de seguridad ni decretos de excepción. Simplemente continúa, adaptándose, eligiendo sus objetivos, dejando muertos y heridos en lugares donde miles de personas pasan cada día esperando que nada suceda.
Citações Notáveis
Los usuarios que se encuentran dentro de la terminal están seguros y las distintas áreas se mantienen bajo resguardo— Municipio de Guayaquil
Los índices de violencia se han reducido un 17 por ciento durante este año— Presidente Daniel Noboa
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué alguien elegiría matar a un presunto criminal en el aeropuerto, de todos los lugares?
Porque es un mensaje. Los aeropuertos son símbolos de orden, de control estatal. Matarlo ahí es decir que ni siquiera eso importa.
¿Quién lo mató entonces?
Eso no está claro. Dos menores fueron detenidos, pero las autoridades no han explicado quién ordenó el ataque ni a quién le servía eliminar a Suástegui.
El presidente dice que la violencia bajó 17 por ciento. ¿Cómo se cuadra eso con esto?
Los números y la realidad no siempre hablan el mismo idioma. Un muerto en el aeropuerto contradice cualquier narrativa de mejora.
¿Y el estado de excepción? ¿Funciona?
Lleva casi mil días en vigor. Si funcionara, no estaríamos aquí hablando de esto.
¿Qué pasa con los jueces y fiscales?
Tienen miedo. Alexandra Bravo fue asesinada por investigar a criminales. Eso paraliza todo. ¿Quién quiere ser el próximo?