En algún rincón de Europa, un automóvil que alguna vez simbolizó la perfección del asfalto aguarda un nuevo dueño bajo una forma irreconocible. Un Nissan GT-R de 2010, transformado profesionalmente en todoterreno con 600 CV y carrocería elevada, se subasta en los Países Bajos con pujas que apenas rozan los 24.500 euros frente a una valoración de 120.000. Es la historia de una máquina que renunció a su identidad para encontrar otra, y de un mercado que todavía no sabe cómo nombrar lo que tiene delante.