No vuelven a aparecer. Eso es lo más interesante.
En los laboratorios donde la ciencia libra sus batallas más silenciosas, el equipo del bioquímico Mariano Barbacid ha logrado lo que parecía inalcanzable: erradicar completamente el cáncer de páncreas en modelos animales atacando simultáneamente tres puntos vulnerables del oncogén responsable. Este hallazgo, gestado con paciencia metódica y financiado por la solidaridad de ciudadanos y fundaciones privadas, no solo abre una puerta hacia uno de los tumores más letales, sino que desafía la lógica misma con la que la medicina ha combatido el cáncer durante décadas. El camino hacia los pacientes humanos aún requiere tiempo y recursos, pero la dirección, por primera vez, parece clara.
- El cáncer de páncreas mata en silencio y con rapidez: la supervivencia a cinco años ronda el 12%, y hasta ahora ningún tratamiento no quimioterápico había logrado resultados duraderos.
- El obstáculo histórico no era solo matar el tumor, sino impedir que regresara: los tratamientos anteriores generaban resistencias y el cáncer encontraba rutas de escape.
- Barbacid y su equipo rompieron ese ciclo atacando tres dianas moleculares al mismo tiempo, cerrando todas las salidas posibles para la célula tumoral.
- Los tumores no solo desaparecieron en los modelos experimentales, sino que no volvieron a aparecer, un resultado sin precedentes en la historia de esta enfermedad.
- El siguiente paso exige al menos cinco millones de euros y dos o tres años de ensayos clínicos antes de que este avance pueda beneficiar a pacientes reales.
Mariano Barbacid y su equipo han logrado eliminar completamente el cáncer de páncreas en ratones, un resultado que durante años pareció fuera del alcance de la ciencia. La clave no fue un golpe de inspiración, sino una estrategia metódica inspirada en la lógica militar: en lugar de atacar el oncogén causante desde un único ángulo, decidieron golpearlo desde tres direcciones simultáneas. Cuando los primeros intentos con dos dianas moleculares mostraron que el tumor podía regresar, refinaron el enfoque y eliminaron las tres al mismo tiempo. El resultado fue transformador: los tumores desaparecieron y no volvieron.
Este hallazgo adquiere mayor peso al compararlo con el panorama actual. Un laboratorio estadounidense había desarrollado recientemente el primer fármaco no quimioterápico con eficacia contra el cáncer pancreático, pero el tumor aprendía a resistirlo. El enfoque de Barbacid parece cerrar esa puerta: al atacar múltiples puntos a la vez, la célula cancerosa no encuentra escapatoria.
La investigación fue posible gracias a la Fundación CRIS Contra el Cáncer, fundada por Lola Manterola tras superar ella misma un cáncer poco común. La fundación ha invertido 64 millones de euros en oncología y se ha comprometido a invertir 150 millones más en los próximos cinco años; el proyecto de Barbacid recibió 3,5 millones. Manterola subrayó que este logro es fruto de la suma de muchas contribuciones individuales, empresariales y familiares.
Ahora comienza la fase más larga: los ensayos clínicos en humanos, que requerirán al menos cinco millones de euros adicionales y entre dos y tres años de trabajo. Barbacid confía en que la industria farmacéutica, los fondos de inversión y la ciudadanía aportarán los recursos necesarios. Lo que ocurra en ese período determinará si el éxito en el laboratorio puede convertirse en esperanza real para los pacientes.
Mariano Barbacid y su equipo han logrado algo que durante años parecía imposible: eliminar completamente el cáncer de páncreas en ratones. No fue un destello repentino de inspiración, sino el resultado de años de trabajo metódico. El bioquímico e investigador desarrolló una estrategia que desafiaba la lógica convencional del tratamiento oncológico: en lugar de atacar el oncogén que inicia el cáncer desde un único ángulo, decidieron golpearlo desde tres direcciones simultáneamente. Como explicó el propio Barbacid, el razonamiento era militar en su esencia. La infantería ataca de frente, la caballería flanquea, la artillería bombardea desde otra posición. Nunca se ataca desde un solo lado. Aplicaron esa lógica al adenocarcinoma ductal de páncreas, el tipo más común y agresivo de cáncer pancreático, buscando dos vías iniciales de ataque: una por encima del oncogén, otra por debajo.
Los primeros resultados fueron prometedores pero incompletos. En algunos casos, el tumor regresó. Entonces refinaron el enfoque. Decidieron eliminar las tres dianas moleculares en el mismo momento, atacando simultáneamente. El resultado fue transformador: no solo desaparecieron los tumores, sino que, más importante aún, no volvieron a aparecer. Ese hallazgo marca un punto de quiebre en la investigación del cáncer pancreático, uno de los más silenciosos y letales.
Barbacid contextualizó el significado de su descubrimiento dentro del panorama más amplio de la oncología. Un laboratorio estadounidense había desarrollado recientemente un fármaco que prolonga la supervivencia de los pacientes con cáncer de páncreas, la primera vez que un medicamento no basado en quimioterapia convencional mostraba eficacia. Pero ese fármaco tenía un problema fundamental: el tumor desarrollaba resistencias rápidamente y volvía a crecer. El enfoque de Barbacid, en cambio, parecía evitar ese mecanismo de resistencia. Al atacar múltiples puntos simultáneamente, la célula tumoral no encontraba una ruta de escape.
Ahora viene la fase más larga y costosa: los ensayos clínicos en humanos. Barbacid fue claro sobre el calendario: faltan al menos dos o tres años antes de que estos tratamientos puedan llegar a los pacientes. También fue franco sobre el dinero. Los ensayos clínicos son significativamente más caros que la investigación de laboratorio. Estamos hablando de aproximadamente cinco millones de euros solo para esta siguiente fase.
La investigación ha sido posible gracias a la Fundación CRIS Contra el Cáncer, una organización privada creada por Lola Manterola después de que ella misma enfrentara un cáncer hematológico poco común. La fundación ha invertido 64 millones de euros en investigación oncológica hasta ahora y se ha comprometido a invertir 150 millones más en los próximos cinco años. El proyecto específico de Barbacid recibió 3,5 millones de euros. Manterola enfatizó que esta investigación no es producto de una sola institución o donante, sino de la suma de muchas contribuciones de ciudadanos particulares, empresas y familias que entienden que la investigación es el único camino real hacia la cura del cáncer.
Ahora la pregunta es si esa cadena de financiamiento puede mantenerse. Barbacid expresó confianza en que la industria farmacéutica, los fondos de inversión y los ciudadanos a través de donaciones directas aportarán los recursos necesarios para llevar este hallazgo desde el laboratorio hasta las clínicas. Los próximos dos o tres años determinarán si el éxito en ratones puede traducirse en beneficio real para los pacientes humanos.
Citas Notables
Nunca atacas solo por un lado. Es un poco lo que hicimos nosotros, atacarlo por dos vías: una que estaba por encima y otra por debajo.— Doctor Mariano Barbacid, explicando la estrategia de investigación
Estamos impulsados por la sociedad civil: por pacientes, familias, empresas, fundaciones, todos los que deciden apoyar a la investigación porque saben que es la única forma de acabar con el cáncer.— Lola Manterola, fundadora de la Fundación CRIS Contra el Cáncer
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué atacar desde tres ángulos en lugar de uno? ¿No es más complicado?
Exactamente, es más complicado. Pero la idea es que si atacas desde un solo lado, la célula tumoral encuentra una ruta de escape. Si la golpeas desde tres direcciones al mismo tiempo, no tiene por dónde huir.
¿Y eso es lo que diferencia este enfoque del fármaco estadounidense que mencionó?
Sí. Ese fármaco funciona, pero el tumor desarrolla resistencias rápidamente. Aquí, al atacar múltiples dianas, el tumor no solo desaparece, sino que no vuelve a aparecer. Es una diferencia fundamental.
¿Cuánto tiempo hasta que los pacientes reales puedan acceder a esto?
Dos o tres años mínimo. Los ensayos clínicos son largos y costosos. Estamos hablando de cinco millones de euros solo para esta fase.
¿De dónde sale ese dinero?
De donaciones privadas, principalmente. La Fundación CRIS ha invertido 3,5 millones en este proyecto específico. Pero necesitan más. Sin apoyo de la industria farmacéutica o más donantes, el proyecto se detiene.