No hay pruebas sólidas de que ningún alimento concreto proteja contra la demencia
Durante un cuarto de siglo, más de 27.000 suecos fueron observados en silencio mientras envejecían, y al final del camino los investigadores encontraron una coincidencia llamativa: quienes comían queso graso con regularidad desarrollaban demencia con menos frecuencia. Publicado en Neurology, el hallazgo llega cargado de matices que la ciencia exige respetar: una asociación no es una causa, y el tiempo transforma tanto las dietas como las vidas. La sabiduría colectiva de los expertos recuerda que el cerebro se protege mejor con hábitos amplios —movimiento, aprendizaje, equilibrio— que con ningún alimento en particular.
- Un estudio de 25 años vincula el consumo diario de más de 50 gramos de queso graso con un riesgo notablemente menor de demencia, encendiendo la atención mediática y científica.
- Los expertos frenan el entusiasmo: al ser observacional, el estudio no puede probar que el queso cause el efecto, solo que ambas cosas coincidieron en los datos.
- La brecha temporal complica aún más las conclusiones, pues los hábitos alimenticios se registraron una sola vez hace 25 años y es probable que hayan cambiado radicalmente desde entonces.
- Un factor confusor emerge con fuerza: quienes comían más queso tendían a tener mayor nivel educativo, lo que por sí solo podría explicar las menores tasas de demencia.
- Los especialistas redirigen la atención hacia lo que sí tiene respaldo sólido: controlar la presión arterial, mantener un peso saludable y estimular el cerebro con actividad intelectual y física.
Un estudio sueco siguió a más de 27.000 personas durante 25 años y encontró que quienes consumían diariamente más de 50 gramos de queso graso —cheddar, brie, gouda— presentaban un riesgo significativamente menor de desarrollar demencia. Los participantes tenían unos 58 años cuando registraron sus hábitos alimenticios en los años noventa, y los diagnósticos de demencia se analizaron un cuarto de siglo después. Los resultados, publicados en Neurology, también mostraron una asociación similar con el consumo de nata alta en grasa.
Sin embargo, los expertos piden cautela antes de sacar conclusiones. Tara Spires-Jones, de la Universidad de Edimburgo, subraya que se trata de un estudio observacional: los investigadores detectaron un patrón, pero no pueden afirmar que el queso causó la reducción del riesgo. Además, registrar la dieta en un único momento hace 25 años deja sin respuesta cómo evolucionaron esos hábitos con el tiempo.
Naveed Sattar, de la Universidad de Glasgow, añade otro problema: las personas que consumían más queso tendían a tener, en promedio, mayor nivel educativo. Esa característica —con todo lo que conlleva en términos de acceso a salud y recursos— podría ser la verdadera explicación detrás de las menores tasas de demencia, no el queso en sí.
Desde la nutrición, se reconoce que el queso puede integrarse en una dieta equilibrada, aunque siempre con atención a las cantidades y a condiciones como la hipertensión o problemas cardiovasculares. Pero tanto los neurocientíficos como los médicos coinciden en que la prevención de la demencia descansa sobre pilares más amplios: ejercicio regular, estimulación cognitiva, control del peso y de la presión arterial. El queso es un hallazgo curioso, no una estrategia.
Un estudio sueco que siguió a más de 27.000 personas durante 25 años encontró algo que suena demasiado bueno para ser verdad: quienes comían diariamente más de 50 gramos de queso graso —cheddar, brie, gouda— presentaban un riesgo significativamente menor de desarrollar demencia que aquellos que consumían menos. Los resultados, publicados en la revista científica Neurology, también mostraron una asociación similar con el consumo diario de nata con alto contenido en grasa. La edad promedio de los participantes era de 58 años cuando se registró su consumo de queso en los años noventa, y el análisis de diagnósticos de demencia se realizó un cuarto de siglo después.
Pero antes de celebrar con una tabla de quesos, los expertos piden cautela. Tara Spires-Jones, directora del Centro para el Descubrimiento de las Ciencias del Cerebro de la Universidad de Edimburgo, señala una limitación fundamental: se trata de un estudio observacional, no de un ensayo controlado. Esto significa que los investigadores observaron patrones en los datos, pero no pueden afirmar que el queso causó la reducción del riesgo. "Este tipo de estudio no puede determinar si esta asociación se debió realmente a las diferencias en el consumo de queso", explica.
La brecha temporal es particularmente problemática. Los hábitos alimenticios se registraron mediante un diario y una entrevista en un momento específico, hace 25 años. Es altamente probable que la dieta de estas personas haya cambiado significativamente en ese cuarto de siglo, junto con otros aspectos de su estilo de vida. Spires-Jones enfatiza que existe evidencia sólida de que una dieta equilibrada en general, el ejercicio regular y actividades que estimulen la cognición —educación, trabajos desafiantes, hobbies intelectuales— fortalecen la resistencia del cerebro contra enfermedades que causan demencia. "No hay pruebas sólidas de que ningún alimento concreto proteja a las personas de la demencia", concluye.
Naveed Sattar, catedrático de Medicina Cardiometabólica de la Universidad de Glasgow, añade otra capa de complejidad. Observa que las personas que consumían más queso y nata grasa tendían a tener, en promedio, un nivel educativo más alto. Esto abre la puerta a lo que los investigadores llaman "confusión residual": características saludables asociadas con mayor educación —mejor acceso a atención médica, mayor conciencia sobre salud, recursos económicos— podrían explicar las menores tasas de demencia, no el queso en sí.
Desde la perspectiva nutricional, los especialistas reconocen que el queso es un lácteo rico en calcio y puede formar parte de una dieta saludable. La dietista-nutricionista Natalia Moragues señala que los quesos más saludables son aquellos equilibrados en proteínas, hidratos de carbono, grasas y sal. El consumo diario es posible para muchas personas, aunque siempre controlando las cantidades y considerando condiciones de salud como hipertensión, obesidad o problemas cardiovasculares.
Ambos expertos coinciden en que los esfuerzos de prevención de demencia deben enfocarse en factores con base empírica sólida: mantener una presión arterial saludable, controlar el peso corporal y prevenir enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares. Estos son los pilares probados. El queso, por delicioso que sea, no debería convertirse en la estrategia principal de prevención cognitiva. El estudio sueco es interesante como observación, pero los expertos advierten contra extraer conclusiones demasiado amplias de un trabajo que, por su naturaleza, deja muchas preguntas sin responder.
Citas Notables
Este tipo de estudio no puede determinar si esta asociación se debió realmente a las diferencias en el consumo de queso— Tara Spires-Jones, directora del Centro para el Descubrimiento de las Ciencias del Cerebro de la Universidad de Edimburgo
Características saludables asociadas con mayor educación, no el queso en sí, podrían explicar las menores tasas de demencia— Naveed Sattar, catedrático de Medicina Cardiometabólica de la Universidad de Glasgow
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué los expertos desconfían tanto de este estudio si encontró una asociación clara entre queso graso y menor riesgo de demencia?
Porque una asociación no es lo mismo que una causa. El estudio observó un patrón en los datos, pero no puede probar que el queso fue lo que protegió a esas personas. Hay demasiadas otras variables en juego.
¿Cuál es el problema más grande con el diseño del estudio?
Que la dieta se registró hace 25 años. Las personas cambian. Sus hábitos alimenticios, su ejercicio, su trabajo, todo evoluciona. Es casi imposible saber si alguien que comía mucho queso en 1990 seguía haciéndolo en 2015.
Mencionas que las personas que comían más queso tenían mayor educación. ¿Eso es relevante?
Mucho. Porque la educación está vinculada a mejores resultados de salud en general: mejor acceso a médicos, más conciencia sobre prevención, recursos económicos. Podría ser eso, no el queso, lo que explica el menor riesgo de demencia.
Entonces, ¿el queso no protege contra la demencia?
No hay pruebas sólidas de que ningún alimento específico lo haga. Lo que sí sabemos es que una dieta equilibrada, ejercicio regular y estimulación cognitiva fortalecen el cerebro. Eso es lo que importa.
¿Significa esto que la gente no debería comer queso?
No. El queso es nutritivo, rico en calcio, y puede ser parte de una dieta saludable. Solo que no debería ser tu estrategia de prevención de demencia. Come queso porque te gusta, no porque creas que te protege del deterioro cognitivo.
¿Qué debería hacer alguien preocupado por la demencia?
Enfocarse en lo que realmente funciona: controlar la presión arterial, mantener un peso saludable, prevenir enfermedades cardíacas, hacer ejercicio y mantener la mente activa. Esos son los factores probados.