Pueden recordar cantidades, actualizarlas mentalmente y tomar decisiones óptimas
En el Zoo de Barcelona, dos jirafas demostraron ser capaces de combinar mentalmente cantidades de alimento sin ver el resultado, ejecutando lo que los investigadores de la Universitat de Barcelona describen como una forma de suma mental. El hallazgo, publicado en Scientific Reports, desafía la convicción de que el razonamiento numérico abstracto es patrimonio exclusivo de humanos y primates. La naturaleza, al parecer, ha trazado más de un camino hacia la inteligencia.
- Dos jirafas del Zoo de Barcelona eligieron correctamente el contenedor con más comida tras una operación aritmética que solo podía ocurrir en su mente, sin ninguna pista visual del resultado.
- El experimento sacude una creencia consolidada en la ciencia cognitiva: que manipular números es una habilidad reservada a humanos y a sus parientes evolutivos más cercanos.
- Ninguna de las jirafas resolvió pruebas de resta ni operaciones más complejas, lo que revela límites precisos en su capacidad y recuerda que incluso en humanos restar es cognitivamente más exigente que sumar.
- Los investigadores apuntan a la vida en sabanas con recursos dispersos como el motor evolutivo que habría forjado estas habilidades: calcular dónde hay más comida es, literalmente, una cuestión de supervivencia.
- El estudio abre la puerta a una visión más plural de la inteligencia animal: las capacidades aritméticas podrían haber emergido de forma convergente en linajes tan distintos como los ungulados, sin necesidad de parentesco con los primates.
En el Zoo de Barcelona, cuatro jirafas participaron en un experimento diseñado por el equipo de Iker Loidi, de la Universitat de Barcelona, para responder una pregunta aparentemente improbable: ¿pueden estos animales sumar? La prueba era elegante en su lógica. Se mostraban a cada jirafa dos cantidades de zanahoria en contenedores amarillos que luego se cerraban y desaparecían. Después, un recipiente verde con más comida se añadía a uno de ellos, pero el animal nunca veía el resultado final. Para elegir bien, tenía que recordar las cantidades iniciales, actualizar esa información mentalmente y decidir. No había atajos visuales.
Dos de las cuatro jirafas lo lograron, eligiendo sistemáticamente el contenedor que contenía más alimento tras la suma invisible. El hallazgo, publicado en Scientific Reports, reposiciona a estos animales en el mapa cognitivo del reino animal: no como criaturas de puro instinto, sino como seres capaces de razonamiento abstracto sobre cantidades. Ninguna, sin embargo, resolvió las pruebas de resta ni las operaciones más complejas, un límite que Loidi considera coherente: restar activa regiones cerebrales más especializadas, y las diferencias individuales en habilidades numéricas son normales en cualquier especie.
La explicación más plausible de por qué las jirafas desarrollaron esta capacidad apunta a su entorno. En las sabanas, las acacias y otros recursos alimentarios están dispersos de forma irregular, y los grupos se fragmentan según las condiciones ambientales. Calcular mentalmente dónde hay más comida no es un lujo cognitivo: es una ventaja que se traduce en energía, supervivencia y descendencia. El ambiente, con el tiempo, moldea la mente.
Más allá de las jirafas, el estudio sugiere que la sofisticación cognitiva no es monopolio de primates y humanos. La evolución ha encontrado múltiples rutas hacia la inteligencia, cada una forjada por las presiones específicas de cada especie. Lo que determina la complejidad mental no es la cercanía con el ser humano, sino la exigencia del mundo en que se vive.
En el Zoo de Barcelona, cuatro jirafas participaron en un experimento que revelaría algo sorprendente sobre su capacidad mental: podían sumar. No con lápiz y papel, claro, sino de la manera que importa en la naturaleza: decidiendo dónde había más comida después de combinar mentalmente dos cantidades diferentes.
La investigación, publicada por la Universitat de Barcelona en la revista Scientific Reports, desafía una creencia arraigada en la ciencia: que solo los humanos y algunos primates poseen habilidades cognitivas lo suficientemente sofisticadas como para manipular números. El equipo dirigido por Iker Loidi, del Departamento de Psicología Clínica y Psicobiología de la UB, diseñó una prueba ingeniosa para observar si las jirafas podían hacer algo tan fundamental como sumar.
El experimento funcionaba así: se mostraban a cada animal dos cantidades diferentes de zanahoria en contenedores amarillos. Tras unos segundos, los contenedores se cerraban y desaparecían de la vista. Luego aparecía un recipiente verde con más comida, que se añadía a uno de los contenedores amarillos. El punto crucial era que las jirafas nunca veían el resultado final de esta operación. Solo después de que todo esto ocurría en su mente podían elegir qué contenedor preferían. Si hubieran podido ver el resultado, habrían estado usando información visual, no matemática. Pero no podían. Tenían que recordar las cantidades iniciales, actualizar mentalmente esa información y tomar una decisión basada en cálculos que solo existían en sus cabezas.
Dos de las cuatro jirafas lo lograron. Eligieron correctamente el contenedor que contenía más alimento después de la suma mental. Esto sugiere que estos animales pueden retener información numérica, procesarla internamente y usarla para tomar decisiones óptimas. Es un hallazgo que reposiciona a las jirafas en el mapa cognitivo del reino animal, no como criaturas de instinto puro, sino como seres capaces de razonamiento abstracto.
Lo interesante es lo que no pudieron hacer. Ninguna de las jirafas resolvió las pruebas de resta, ni tampoco las operaciones más complejas donde se retiraba comida de un contenedor y se añadía a otro. Loidi señala que esto no es sorprendente: en los humanos también ocurre algo similar. Restar es más difícil que sumar. Activa regiones cerebrales especializadas en procesamiento controlado y complejo que la suma no estimula. Las diferencias individuales en habilidades numéricas son normales en todas las especies.
Pero ¿por qué las jirafas desarrollaron estas capacidades en primer lugar? La respuesta probablemente está en cómo viven. Las jirafas habitan sabanas donde los recursos alimentarios, especialmente las acacias, están dispersos de manera irregular. Viven en comunidades que se dividen en grupos más pequeños según las condiciones ambientales. En ese contexto, la capacidad de estimar dónde, cuándo y en qué cantidad hay alimento disponible se convierte en una ventaja evolutiva real. Una jirafa que puede calcular mentalmente dónde encontrará más comida toma mejores decisiones de búsqueda. Eso significa más energía, mejor supervivencia, más descendencia. Con el tiempo, esa presión ambiental moldea la cognición.
El estudio también apunta hacia algo más amplio: que las habilidades cognitivas sofisticadas no son un monopolio de primates y humanos. Pueden evolucionar de forma convergente en linajes animales completamente distintos. Las jirafas son ungulados, un grupo de mamíferos con pezuñas que incluye hipopótamos, camellos y ciervos. Que miembros de este grupo demuestren capacidades aritméticas sugiere que la evolución ha encontrado múltiples caminos hacia la sofisticación mental, cada uno adaptado a las necesidades específicas de cada especie. Lo que importa no es la cercanía evolutiva con los humanos, sino la presión del ambiente.
Notable Quotes
Si esta información fuera accesible para las jirafas, no podríamos concluir que realizan operaciones mentales, ya que podrían basar su elección únicamente en la información perceptiva disponible— Iker Loidi, investigador de la Universitat de Barcelona
Hay diferencias individuales en la resolución de problemas numéricos y, en general, restar resulta más difícil que sumar— Iker Loidi
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué es importante que dos jirafas resolvieran una prueba de suma si solo dos de cuatro lo lograron?
Porque demuestra que la capacidad existe. No necesita ser universal para ser real. En humanos tampoco todos resolvemos problemas matemáticos con la misma facilidad, pero eso no significa que la suma mental no sea una habilidad humana.
¿Cómo sabemos que realmente estaban sumando y no solo adivinando?
El diseño del experimento lo garantiza. Las jirafas nunca veían el resultado final. Si pudieran verlo, podrían elegir basándose en lo que ven. Pero no pueden. Tienen que recordar, actualizar mentalmente y decidir. Eso es suma.
¿Por qué ninguna jirafa pudo restar?
La resta es cognitivamente más exigente. Requiere un tipo de procesamiento cerebral más complejo y controlado. Incluso en humanos, los niños aprenden a sumar antes que a restar. Es una pauta que vemos en toda la naturaleza.
¿Esto significa que las jirafas son más inteligentes de lo que creíamos?
No es que sean más inteligentes. Es que son inteligentes de formas que no habíamos medido. Su inteligencia está adaptada a su vida: dispersión de recursos, movimiento en grupos variables, necesidad de optimizar búsqueda de alimento. Eso requiere ciertas habilidades numéricas.
¿Podrían estas habilidades haber evolucionado en otros animales también?
Probablemente sí. Cualquier especie que enfrente presiones ambientales similares—recursos dispersos, necesidad de tomar decisiones sobre dónde buscar comida—podría haber desarrollado capacidades parecidas. La evolución no sigue un único camino.
¿Qué viene después? ¿Qué deberían investigar ahora?
Probar con más jirafas, con otras especies de ungulados, ver si estas habilidades varían según el entorno. Y entender mejor qué ocurre en el cerebro cuando una jirafa suma. Eso nos diría si usan los mismos mecanismos que nosotros o si encontraron una solución completamente distinta.