Durante siglos, el corazón fue considerado un órgano que simplemente obedecía las órdenes del cerebro. Investigadores de la Universidad de Yale han descubierto, en ratones, que el corazón alberga su propia pequeña red neuronal —apenas el 0,01% de su tejido— capaz de regular el ritmo cardíaco de forma autónoma, incluso bajo estrés extremo. Este hallazgo, publicado en la revista Cell, nos recuerda que el cuerpo humano sigue guardando secretos profundos, y que comprender su inteligencia interna podría transformar el tratamiento de las enfermedades cardiovasculares más letales.