En los laboratorios de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, cuatro investigadores convirtieron un subproducto industrial descartado —la glicerina— en materia prima valiosa para plásticos, cosméticos y refrigerantes. El Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial reconoció ese trabajo con la patente número 436113, vigente hasta 2043, que protege un proceso catalítico basado en nanotubos de carbono. Es el tipo de hallazgo que recuerda que la ciencia regional puede tocar industrias globales, y que la utilidad de lo que se desecha depende, casi siempre, de la imaginación de quien lo mira.