Seis años después de su derrota ante Joe Biden por siete millones de votos, Donald Trump recurrió al formato más solemne de la comunicación presidencial para resucitar la narrativa del fraude electoral de 2020, invocando documentos de inteligencia desclasificados que señalan influencia china sin probar consecuencias decisivas. El gesto no fue nostálgico sino estratégico: con las elecciones legislativas a menos de cuatro meses y las encuestas adversas, Trump busca sembrar desconfianza en el sistema electoral antes de que los ciudadanos vuelvan a las urnas. Es una historia tan antigua como la de