En el cruce entre la retórica de poder y la geografía del petróleo, Donald Trump elevó sus amenazas contra Irán al publicar una imagen generada por inteligencia artificial en la que se proclamaba dueño de un petrolero iraní, y al anunciar su intención de declarar el estrecho de Ormuz territorio estadounidense. El estrecho, por el que fluye una quinta parte del petróleo que mueve al mundo, no es solo una ruta marítima: es un nervio vital de la economía global cuya perturbación reverbera en cada bomba de gasolina del planeta. Irán rechazó las declaraciones de inmediato, y ningún mecanismo jurídi