En la madrugada del viernes, Donald Trump se dirigió a la nación para reiterar, una vez más y sin evidencia documentada, que las elecciones de 2020 le fueron arrebatadas mediante fraude, añadiendo esta vez acusaciones directas contra China por interferencia electoral. El hecho de que un presidente en ejercicio, elegido legítimamente en dos ocasiones, continúe disputando un resultado de hace seis años revela cuánto peso puede acumular una narrativa cuando encuentra una plataforma permanente. Lo que se presenta como defensa de la integridad democrática plantea, paradójicamente, preguntas profund