Desde el corazón del poder ejecutivo estadounidense, Donald Trump amplía su visión de la presión económica sobre Irán: no basta con sanciones, exige también aranceles. En un momento en que el Senado avanza con amplio respaldo bipartidista en un proyecto que ya incorporó disposiciones contra Teherán, el presidente invoca incluso la memoria de un senador fallecido para dar peso moral a su petición. La historia recuerda que las herramientas de coerción económica rara vez se detienen donde comenzaron.