En el tenso tablero del comercio norteamericano, Donald Trump eligió la pausa sobre la confrontación: suspendió durante tres días los aranceles del 50% previstos contra Canadá, alegando que ambas naciones habían alcanzado un acuerdo aún sin formalizar. El gesto, anunciado en Truth Social horas antes de que los gravámenes entraran en vigor, mezcla diplomacia y presión en proporciones iguales, y sitúa al oleoducto Keystone XL —fantasma de administraciones pasadas— en el centro de una negociación que definirá el futuro del T-MEC.