Mientras el riesgo parezca reversible, la caída se compra
El 100% de gestores institucionales cree en comprar caídas, frente al 57% hace tres meses, impulsado por rebotes rápidos tras anuncios de Trump. Shocks como aranceles y tensiones en Oriente Medio pueden ser reversibles, pero riesgos energéticos persistentes podrían enfriar crecimiento e impulsar inflación.
- El 100% de gestores institucionales cree en comprar caídas, frente al 57% hace tres meses
- El S&P 500 cayó 4,84% el 3 de abril tras anuncio de aranceles, pero rebotó 9,5% una semana después
- Fondos de renta variable estadounidense acumularon 130.000 millones de dólares en entradas netas entre marzo y junio
- En 1973, el S&P 500 cayó 50% y tardó dos décadas en recuperar su valor real
Los inversores institucionales adoptan masivamente la estrategia de comprar caídas de mercado, pero enfrentan riesgos crecientes mientras Trump genera múltiples focos de incertidumbre con aranceles y tensiones geopolíticas.
Wall Street ha descubierto una fórmula que parece infalible: cuando el mercado cae, compra. Cada caída se ve como una oportunidad, no como una advertencia. La lógica es seductora. Si la economía sigue en pie y los precios bajan, entonces comprar más barato tiene sentido. El problema es que esta fe colectiva ha crecido explosivamente justo en el momento en que Donald Trump está sembrando incertidumbre en múltiples direcciones simultáneamente.
A finales de marzo, Robert Shiller encuestó a gestores institucionales y encontró algo notable: el 100% de ellos creía firmemente en esta estrategia de comprar caídas. Tres meses antes, apenas el 57% pensaba así. Ese salto de 43 puntos porcentuales no ocurrió en un mercado tranquilo. Sucedió mientras los aranceles, la inflación, los cambios de política de la Reserva Federal y las tensiones geopolíticas dictaban el ritmo diario en Nueva York. El timing era curioso: justo cuando había más razones para dudar, más inversores se convencían de que las caídas eran oportunidades.
La prueba de fuego llegó el 2 de abril. Trump anunció lo que llamó el "Día de la Liberación": una subida arancelaria que el mercado interpretó como una amenaza directa a los beneficios corporativos, al consumo y a la inflación. Al día siguiente, el S&P 500 cayó un 4,84%, el Nasdaq se desplomó cerca del 6% y el Dow perdió casi 1.700 puntos. Los bonos comenzaron a tensarse. El mercado descubrió, de forma dolorosa, que una amenaza de Trump podía golpear simultáneamente a las acciones, la deuda y el dólar.
Pero lo que sucedió después fue aún más decisivo. El 9 de abril, Trump anunció una pausa de 90 días en parte de los aranceles. El mercado rebotó con violencia. El S&P 500 subió un 9,5%, el Dow avanzó un 7,8% y el Nasdaq se disparó más del 12%. Cada inversor que había comprado durante el pánico recibió una recompensa inmediata. Cada inversor que esperó una caída más profunda vio cómo el tren se iba sin él. En Wall Street, pocas cosas duelen más que quedarse fuera de un rally ganador. La lección fue clara: si el susto viene del presidente y después aparece una tregua, comprar la caída funciona muy bien.
Desde ese momento, cada nuevo revés geopolítico comenzó a verse con la misma plantilla. ¿Es una amenaza que puede terminar en pausa, negociación o marcha atrás? ¿O esta vez el daño será real? Esa es la línea delgada que separa un mercado que descuenta malas noticias de otro que simplemente descuenta la posibilidad de que esas malas noticias desaparezcan antes de causar daño real. Mientras el riesgo parezca reversible, la caída se compra. Pero si la amenaza toca los beneficios corporativos y la política monetaria, todo cambia.
El dinero ha seguido entrando en cantidades masivas. Según datos de LSEG Lipper, desde finales de marzo hasta finales de junio, los fondos de renta variable estadounidense acumularon más de 130.000 millones de dólares en entradas netas. Los números de Goldman Sachs alimentan esta confianza: desde 1980, el S&P 500 ha generado una rentabilidad media del 6% en los tres meses posteriores a una corrección del 5% desde máximos, con retornos positivos en el 84% de las ocasiones. Con esa estadística sobre la mesa, bajarse de la ola resulta casi imposible.
Pero el peligro latente es que las medias estadísticas suelen meter en el mismo saco realidades muy distintas. No es lo mismo una corrección técnica saludable dentro de un mercado alcista que el primer tramo de una recesión de beneficios corporativos, un shock inflacionario estructural o un ciclo de endurecimiento monetario que aún no ha terminado de purgar el sistema. La historia de Wall Street está plagada de inversores que confundieron volatilidad con un cambio de ciclo. En 1973, durante la crisis del petróleo, el S&P 500 se hundió un 50% y atrapó al dinero en un páramo lateral que tardó dos décadas en recuperar su valor real. Quienes compraron masivamente el desplome de la burbuja tecnológica en 2000 descubrieron que el mercado bajista no duraba semanas, sino 31 meses agónicos de caídas ininterrumpidas. Según la teoría de la opinión contraría, la probabilidad de que se produzca una corrección severa aumenta de forma exponencial a medida que más inversores se convencen de que comprar en las caídas siempre funciona.
Citas Notables
El mercado no necesita creer que Trump será previsible. Le basta con creer que cuando el daño sea demasiado evidente, aparecerá una pausa, una negociación o una rebaja del tono.— Análisis de mercado
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué crees que el 100% de los gestores cree ahora en comprar caídas cuando hace tres meses solo lo hacía el 57%?
Porque experimentaron algo que refuerza esa creencia. Compraron durante el pánico de abril y ganaron dinero una semana después. Eso es más convincente que cualquier teoría.
Pero Trump sigue siendo impredecible. ¿No debería eso asustar a los inversores?
Debería, pero no lo hace. El mercado no necesita que Trump sea predecible. Solo necesita creer que cuando el daño sea evidente, él hará una pausa o negociará. Y hasta ahora, eso es lo que ha pasado.
¿Cuál es el riesgo real entonces?
Que confundan volatilidad con un cambio de ciclo. Si los aranceles o la tensión en Oriente Medio causan daño real a los beneficios corporativos o a la inflación, no habrá pausa que lo arregle. El dinero quedará atrapado.
¿Ha pasado antes?
Sí. En 1973 y en 2000. En ambos casos, los inversores que compraron las caídas esperaron años para recuperar su dinero. Eso es lo que asusta a los que entienden la historia.