La ciudad está orgullosa de esta comunidad y de sus logros
En Minneapolis y Saint Paul, más de cien agentes federales se despliegan contra inmigrantes somalíes bajo palabras presidenciales que los califican de 'basura', marcando un nuevo capítulo en la tensión entre el poder federal y las ciudades que se niegan a doblegarse. Esta operación no es un hecho aislado: es el último eslabón de una cadena que comenzó en Los Ángeles en junio de 2025 y ha recorrido Memphis, Chicago y Nueva Orleans, siempre apuntando a bastiones demócratas. Lo que se presenta como control migratorio revela, en su trasfondo, una disputa más profunda sobre quién gobierna el territorio y a qué precio se ejerce la autoridad.
- Trump describe a los somalíes como 'basura' y ordena un operativo federal en Minneapolis que moviliza a más de cien agentes del ICE con órdenes de deportación en mano.
- El miedo se extiende más allá de los indocumentados: ciudadanos de minorías raciales, trabajadores y clientes de negocios latinos sienten el peso de redadas que no distinguen con precisión.
- El alcalde Jacob Frey responde con una orden ejecutiva que bloquea el uso de estacionamientos municipales para operaciones federales, mientras el gobernador Walz denuncia el operativo como maniobra publicitaria.
- En Nueva Orleans, restaurantes y negocios latinos cierran preventivamente ante la Operación Catahoula Crunch, repitiendo el patrón de pánico colectivo ya visto en Chicago, Memphis y Los Ángeles.
- La ofensiva contra ciudades santuario se consolida como estrategia política sistemática: cada redada es también un mensaje dirigido a los líderes demócratas que se atreven a resistir.
El presidente de Estados Unidos ha descrito a los inmigrantes somalíes con un lenguaje que no deja lugar a la ambigüedad: personas que no contribuyen, que no son bienvenidas, que son basura. Esas palabras anteceden a una operación federal en Minneapolis y Saint Paul donde más de cien agentes del ICE buscan a somalíes con órdenes finales de deportación, aunque la red podría alcanzar a migrantes aún en proceso de regularización.
Minnesota, gobernada por el demócrata Tim Walz, es el nuevo escenario de una campaña que lleva meses tomando forma. Las redadas comenzaron en Los Ángeles en junio de 2025 y desde entonces se han replicado en Memphis, Chicago, Nueva Orleans y ahora Minneapolis, siempre apuntando a ciudades demócratas, siempre con el mismo mensaje: la Casa Blanca impondrá su agenda migratoria sin importar la opinión de los gobiernos locales.
La respuesta de Minneapolis fue directa. El alcalde Jacob Frey firmó una orden ejecutiva que prohíbe a cualquier agencia utilizar estacionamientos municipales para operaciones migratorias, y la ciudad ofreció señalización para que los propietarios marquen sus espacios como zonas prohibidas. El gobernador Walz fue más lejos, calificando el operativo de maniobra publicitaria y acusando al Gobierno de atacar indiscriminadamente a los inmigrantes.
En Nueva Orleans, la Operación Catahoula Crunch generó el mismo pánico: restaurantes y negocios latinos anunciaron cierres preventivos en redes sociales, temiendo que trabajadores o clientes fueran atrapados. Los activistas cuestionan si los agentes realmente se enfocan en migrantes con antecedentes penales o si la red es deliberadamente más amplia.
Organizaciones de derechos civiles advierten que el clima de miedo afecta tanto a indocumentados como a ciudadanos de minorías raciales, reabriendo debates sobre el uso partidista de las fuerzas federales. Lo que comenzó como control migratorio se ha convertido en algo más: una demostración de poder presidencial dirigida no solo contra personas sin papeles, sino contra ciudades enteras que se atreven a resistirse.
El presidente estadounidense ha descrito a los inmigrantes somalíes con un lenguaje brutal: personas que no contribuyen, que no quiere en su país, que son basura. Esas palabras no son una observación casual. Son el prólogo de una operación federal que acaba de desplegarse en Minneapolis y Saint Paul, donde más de cien agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas se preparan para detener a somalíes que enfrentan órdenes finales de deportación, aunque la red podría extenderse a migrantes aún en proceso de regularizar su estatus.
Minnesota, gobernada por el demócrata Tim Walz, se ha convertido en el nuevo escenario de una campaña migratoria que lleva meses tomando forma. Las redadas comenzaron en Los Ángeles hace más de medio año, en junio de 2025, cuando helicópteros sobrevolaban bloques de apartamentos en Boyle Heights y patrullas federales bloqueaban calles enteras en barrios latinos. Desde entonces, la estrategia se ha replicado en Memphis, Chicago, Nueva Orleans y ahora Minneapolis, siempre apuntando a ciudades gobernadas por demócratas, siempre con el mismo mensaje: la Casa Blanca está dispuesta a desplegar fuerzas militares y federales para imponer su agenda migratoria, sin importar lo que piensen los gobiernos locales.
La respuesta de Minneapolis ha sido directa. El alcalde Jacob Frey firmó una orden ejecutiva que prohíbe a cualquier agencia federal, estatal o local utilizar estacionamientos municipales para operaciones de control migratorio. La ciudad también anunció una plantilla de señalización para quienes deseen marcar sus propiedades como zonas prohibidas para estas actividades. El mensaje del Ayuntamiento es claro: Minneapolis alberga la comunidad somalí-estadounidense más dinámica del país, y la ciudad está orgullosa de ello. El gobernador Walz fue más lejos, calificando el operativo de maniobra publicitaria y acusando al Gobierno de atacar indiscriminadamente a los inmigrantes.
Pero Minneapolis no es un caso aislado. En Nueva Orleans, la Operación Catahoula Crunch comenzó esta semana con el objetivo de detener a migrantes de México, Honduras, Guatemala y El Salvador. El estado de Luisiana alberga cerca de 223.000 inmigrantes, y el despliegue de decenas de agentes federales ha generado pánico. Restaurantes y negocios latinos han anunciado cierres preventivos en redes sociales, temiendo que trabajadores o clientes sean atrapados en las redadas. Los activistas cuestionan si los agentes realmente se están enfocando en migrantes con antecedentes penales, como afirma la administración, o si la red es más amplia.
Lo que está ocurriendo es parte de una estrategia más amplia contra lo que la Casa Blanca llama ciudades santuario, aquellas que restringen su cooperación con las directivas migratorias federales. En Los Ángeles, miles de personas llenaron el centro de la ciudad protestando contra operativos que, argumentaban, no respondían a una emergencia de seguridad sino a una estrategia política para castigar a una de las mayores plazas demócratas del país. En Washington, soldados de la Guardia Nacional patrullaron avenidas presididas por edificios que encarnan la democracia estadounidense, mientras agentes migratorios extendían controles a estaciones de metro. El mensaje era doble: una demostración de fuerza y un aviso a los líderes demócratas.
En Memphis, en septiembre, la ciudad fue presentada desde Washington como un foco descontrolado de violencia, a pesar de que las estadísticas locales mostraban una reducción reciente de criminalidad. Miles de efectivos de la Guardia Nacional y centenares de agentes federales fueron enviados a barrios mayoritariamente negros y latinos. El alcalde Paul Young criticó que la decisión se tomó sin diálogo con autoridades locales, mientras grupos comunitarios documentaban incursiones nocturnas que alimentaban la sensación de ocupación más que de seguridad. En Chicago, otro bastión demócrata, el guion se repitió: redadas intensivas acompañadas de un discurso presidencial que culpaba a la ciudad de ser refugio de delincuentes extranjeros, seguidas de la amenaza explícita de desplegar la Guardia Nacional, que terminó enfrentándose a recursos judiciales y la oposición frontal del gobernador J.B. Pritzker y el alcalde Brandon Johnson.
Organizaciones de derechos civiles han denunciado que la presencia militar y las redadas han creado un clima de miedo que afecta tanto a indocumentados como a ciudadanos de minorías raciales, reabriendo debates sobre los límites de la ley y el uso partidista de las fuerzas federales. Lo que comenzó como una operación migratoria se ha convertido en algo más: una demostración de poder presidencial dirigida no solo contra inmigrantes sin papeles, sino contra ciudades enteras que se atreven a resistirse.
Citações Notáveis
No contribuyen en nada. No los quiero en nuestro país. Son basura— Presidente de Estados Unidos, sobre inmigrantes somalíes
Minneapolis no colabora con el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas en operaciones civiles de control de la inmigración— Ayuntamiento de Minneapolis
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué Minneapolis es el objetivo ahora? ¿Qué tiene de especial?
La comunidad somalí de Minneapolis es la más grande del país. Es visible, establecida, con negocios y raíces profundas. Eso la hace un blanco perfecto para un mensaje político.
¿Cuál es ese mensaje exactamente?
Que el presidente está dispuesto a usar la maquinaria federal, incluso la militar, contra ciudades que no obedecen sus directivas migratorias. Es castigo y advertencia al mismo tiempo.
Pero el alcalde está bloqueando los estacionamientos municipales. ¿Eso detiene las redadas?
No las detiene, pero las complica. Es una forma de decir: no van a usar nuestra infraestructura para esto. Es resistencia simbólica, pero también práctica.
¿Qué sienten las personas en esas comunidades?
Miedo. Los restaurantes cierran. La gente no sale. No es solo sobre quién será detenido, es sobre vivir bajo vigilancia constante, sobre no saber si hoy es el día.
¿Esto es nuevo o es una escalada de algo que ya existía?
Es una escalada. Comenzó en junio en Los Ángeles, luego Memphis, Chicago, Nueva Orleans. Cada operación es más grande, más visible. Minneapolis es el siguiente paso en una campaña que claramente está diseñada para demostrar poder antes que resolver un problema real.