Desde hace décadas, el cambio de hora ha dividido a científicos, legisladores y ciudadanos en torno a una pregunta aparentemente simple: ¿a qué ritmo debe moverse el tiempo colectivo? Donald Trump ha retomado ese debate con urgencia presidencial, exigiendo al Senado que apruebe la 'No More Changing the Clocks Act' y argumentando que más luz natural al final del día no solo alivia la rutina, sino que puede disuadir la delincuencia. La iniciativa revela cómo incluso las convenciones más cotidianas —mover las agujas del reloj dos veces al año— pueden convertirse en campo de batalla político cuand