En el cruce entre la diplomacia nuclear y la geometría de la paz regional, Donald Trump ha convertido un acuerdo técnico en una palanca política: Arabia Saudita podrá desarrollar energía nuclear con respaldo estadounidense, pero solo si tiende la mano a Israel mediante los Acuerdos de Abraham. La condición, presentada como decisión propia y no como exigencia de Netanyahu, revela cuánto pesan los equilibrios de Oriente Medio sobre cada tratado firmado en Washington. Mientras Riad insiste en que la causa palestina es innegociable, el destino del pacto queda suspendido entre la ambición geopolíti