En el umbral de una final histórica, Donald Trump y Gianni Infantino se reunieron en Nueva York para dar testimonio de un torneo que, según sus propias cifras, reescribió los límites de lo que el deporte puede congregar: 6,5 millones de asistentes, 19,2 mil millones de dólares recaudados y aficionados de 200 países reunidos en 16 ciudades norteamericanas. Más allá de los récords, el momento reveló cómo el fútbol —largo tiempo ajeno a la cultura deportiva estadounidense— se ha convertido en un nuevo escenario de proyección política y orgullo nacional para la administración Trump.