En la Torre Trump de Nueva York, Donald Trump convirtió una celebración deportiva en un escenario político, elogiando los récords históricos del Mundial 2026 —6,5 millones de asistentes, el mayor en la historia del deporte— mientras proponía que Estados Unidos sea sede en solitario en 2030, excluyendo a México y Canadá. El momento revela cómo el deporte global sigue siendo terreno fértil para la ambición nacional y la negociación de poder, donde los aplausos y las bromas entre líderes pueden prefigurar decisiones que afectan a millones.