Desde la Casa Blanca, Donald Trump ha trazado una línea entre el presente y el futuro de Venezuela: el país avanza, pero aún no está listo para elegir. La captura de Nicolás Maduro en enero abrió una era de transición supervisada por Washington, donde Delcy Rodríguez conduce un gobierno interino que Trump elogia, mientras el horizonte electoral permanece sin fecha y la democracia venezolana sigue siendo, en parte, una promesa administrada desde el exterior.