En el extremo sur de Groenlandia, donde los museos ya no tienen horario fijo y los aeropuertos han cerrado sus puertas, la ambición geopolítica de Washington vuelve a posarse sobre comunidades que conocen bien el peso de las decisiones tomadas desde lejos. La administración Trump negocia nuevas bases militares en la isla invocando la amenaza rusa y la influencia china en el Ártico, mientras los habitantes de pueblos como Narsarsuaq recuerdan 1953 —cuando familias inuit fueron desplazadas 130 kilómetros sin que nadie les preguntara— y temen que la historia se repita. Entre la presión estadounid
Trump amenaza la soberanía de Groenlandia mientras sus habitantes temen perder sus hogares
Residentes de Narsarsuaq enfrentan desalojo potencial y pérdida de hogares; precedente histórico de 1953 cuando decenas de familias inuit fueron reubicadas forzosamente 130 kilómetros de sus tierras.