En el este del Congo, donde el conflicto armado y la pobreza se entrelazan desde hace décadas, un brote de ébola avanza con una velocidad que supera la capacidad humana de contenerlo. Más de 2200 personas han muerto entre 4700 casos confirmados, y quienes sostienen la respuesta —trabajadores comunitarios que recorren comunidades remotas durante jornadas de quince horas— lo hacen sin pago, sin equipo de protección y sin garantías de seguridad. La crisis revela una verdad incómoda: los sistemas de salud pública no colapsan solo por falta de ciencia, sino por la erosión de la dignidad de quienes
Trabajadores sanitarios del Congo luchan contra el ébola sin recursos ni remuneración
Más de 2200 muertes confirmadas entre 4700 casos de ébola; trabajadores sanitarios sin protección adecuada enfrentan riesgo directo de infección; desplazamientos poblacionales por conflicto armado complican seguimiento de contactos.