La próxima generación tendrá problemas
En el sur de India, miles de trabajadores —amas de casa, estudiantes, artesanos— se convierten en los maestros invisibles de los robots del mañana, grabando sus propios movimientos cotidianos para que las máquinas aprendan a habitar el mundo físico. Por unos dos dólares la hora, estas personas alimentan una industria proyectada a superar los mil millones de humanoides para 2050, mientras el país más poblado del mundo se debate entre el impulso tecnológico y la fragilidad de sus 490 millones de trabajadores informales. Es una paradoja de nuestro tiempo: quienes podrían ser desplazados por la automatización son, hoy, quienes la hacen posible.
- Trabajadores indios se colocan cámaras en la cabeza para grabar tareas tan simples como cortar mangos o doblar toallas, convirtiéndose en la materia prima humana que enseña a los robots a moverse en el mundo real.
- El auge del mercado de humanoides genera empleos nuevos pero precarios: dos dólares por hora en un país donde esa cifra puede parecer atractiva revela la profunda desigualdad que sostiene la revolución de la IA.
- El gobierno indio y sus centros de estudios advierten que el debate público ignora a los 490 millones de trabajadores informales —limpiadores de alcantarillas, agricultores, vendedores callejeros— que enfrentan desplazamiento sin red de protección.
- Mientras ejecutivos tecnológicos prometen un futuro de colaboración entre humanos y robots, una tejedora de guirnaldas de 55 años en Bangalore ya advierte que 'la próxima generación tendrá problemas', poniendo rostro humano a una estadística abstracta.
- India se encuentra en una encrucijada: impulsa agresivamente su industria de IA pero aún no ha escrito las políticas que determinarán si esta transformación beneficia o margina a quienes la están construyendo con sus propias manos.
En Chennai, Nagireddy Sriramyachandra se ata un teléfono a la cabeza y graba cómo corta mangos. Los videos viajan a empresas tecnológicas globales que los usan para entrenar robots de IA. La paga: unos dos dólares por hora. Su pregunta —«¿quién más te va a pagar 250 rupias por hacer oficio doméstico?»— resume tanto la oportunidad como la precariedad de este trabajo emergente.
Miles de indios participan en esta economía silenciosa: algunos desde sus hogares, otros en estudios equipados con gafas de video y sensores de movimiento. La empresa Objectways, con clientes en la lista Fortune 500, coordina grabaciones de tareas tan cotidianas como doblar ropa, preparar café o planchar bolsas. En una fábrica textil de Karur, ocho personas con cámaras en la cabeza etiquetan gorras y planchan telas. Una estudiante de ingeniería de 21 años graba hasta 90 videos de cuatro minutos al día y describe el trabajo como «tolerable», aunque siente que nunca se quita la cámara de encima.
El trasfondo es enorme: Morgan Stanley proyecta más de mil millones de robots humanoides en funcionamiento para 2050. India impulsa esta industria, pero sus propios centros de análisis advierten que el debate público ignora a los 490 millones de trabajadores informales del país. Un informe previo a la cumbre de IA celebrada este año señala la brecha con claridad: se ha prestado poca atención a cómo la automatización afectará a la columna vertebral económica de la nación.
Ponni, de 55 años, lleva una década haciendo guirnaldas de flores al borde de una carretera en Bangalore. Hoy también se graba para ganar algo más. «La próxima generación que tenga un empleo como el mío tendrá problemas», advierte. Algunos ejecutivos, como Manish Agarwal de Humyn Labs, rechazan el pesimismo y sostienen que robots y humanos «trabajarán juntos». Pero lo que ocurra dependerá de decisiones y políticas que India aún no ha tomado, y del tiempo que reste antes de que la promesa tecnológica alcance —o deje atrás— a quienes hoy la están construyendo.
En Chennai, una ciudad del sur de India, Nagireddy Sriramyachandra se coloca un teléfono inteligente en la cabeza y se graba a sí misma cortando mangos. No es vanidad ni un proyecto personal. Los videos que genera, filmados desde su perspectiva mientras realiza tareas domésticas cotidianas, se envían a empresas tecnológicas globales que los utilizan para entrenar robots de inteligencia artificial. Por este trabajo, recibe aproximadamente dos dólares por hora.
Sriramyachandra forma parte de un contingente creciente de miles de entrenadores de sistemas de IA dispersos por India, el país más poblado del mundo. "¿Quién más te va a pagar 250 rupias por hora solo por hacer oficio doméstico?", se preguntó en una entrevista, una pregunta que resume tanto la oportunidad como la realidad económica de este trabajo emergente. Los chatbots y generadores de imágenes basados en IA pueden procesar enormes volúmenes de datos digitales, pero construir sistemas capaces de funcionar en entornos físicos reales presenta un desafío distinto. Los desarrolladores creen que alimentar modelos especializados con grabaciones en primera persona permitirá a los robots imitar con mayor precisión los movimientos y comportamientos humanos.
Los entrenadores trabajan en diversos contextos. Algunos operan desde sus hogares, otros en fábricas o estudios especializados equipados con gafas de video, cámaras montadas en la cabeza y sensores de movimiento. Sriramyachandra utiliza una aplicación especial para enviar sus videos a Objectways, una empresa de IA con oficinas en India y Estados Unidos que cuenta entre sus clientes a multinacionales de la lista Fortune 500. La empresa colabora con plataformas como Amazon SageMaker, que facilita el desarrollo de modelos de aprendizaje automático. Un sistema de alertas le notifica cuando no está grabando correctamente, con avisos que dicen "manos no detectadas".
El mercado de robots humanoides está experimentando un crecimiento acelerado. Morgan Stanley proyecta que para 2050 habrá más de mil millones de estos dispositivos en funcionamiento. En India, este campo emergente de inteligencia artificial espacial está generando nuevos empleos, aunque por ahora de manera limitada. Ravi Shankar, director de Objectways, un ejecutivo de 50 años que vive en Estados Unidos pero contrata trabajadores del centro tecnológico de Tamil Nadu donde creció, describe el tipo de tareas que los clientes solicitan: doblar ropa, preparar café, cocinar platos específicos, hacer sándwiches. En una fábrica de textiles en Karur, observadores de la AFP vieron a ocho personas con cámaras montadas en la cabeza colocando etiquetas en gorras y planchando bolsas de tela.
Pero la expansión de este sector plantea interrogantes profundas sobre el futuro del empleo en India. El país impulsa agresivamente su industria de IA, pero sus autoridades son conscientes de los riesgos. El centro de estudios gubernamental NITI Aayog ha examinado cómo la IA puede afectar oficios como zapatería, limpieza de alcantarillas o agricultura. La mayoría de los debates públicos se concentran en profesiones de cuello blanco y anticipan pérdidas casi seguras de empleos en esos sectores si no se toman medidas urgentes. Sin embargo, un informe divulgado antes de una cumbre de IA celebrada este año en India señala una brecha crítica: "Se ha prestado poca atención a cómo la IA puede ayudar a los 490 millones de trabajadores informales de India, la columna vertebral de nuestra economía". Ponni, una mujer de 55 años que durante la última década se ha sentado a la orilla de una carretera en Bangalore haciendo guirnaldas de flores, también se graba para ganar dinero. "La próxima generación, que quizás tenga un empleo similar al mío, tendrá problemas", advirtió.
En los estudios de Objectways, habitaciones amobladas sirven como escenarios para las grabaciones. Rani N., una estudiante de ingeniería de 21 años, se graba a sí misma doblando una toalla. Cada video dura cuatro minutos y ella graba aproximadamente 90 por día. Considera que el empleo es "tolerable", pero siente como si siempre llevara una cámara atada a la cabeza. En otras salas, sus compañeros colocan botellas de agua, sacapuntas y crayones formando patrones que captan cámaras equipadas con sensores de profundidad. Qanat, una consultora en Andhra Pradesh que actúa como subcontratista de Objectways, suministra grabaciones a una decena de empresas de datos. Algunos de sus 2.000 colaboradores realizan tareas con sensores de movimiento en los pulsos, manos y piernas. Manish Agarwal, de Humyn Labs, va más allá: graba conversaciones además de videos. Sus colaboradores discuten temas asignados que van desde política hasta deportes, para clientes que desean procesar patrones de habla.
No todos ven amenaza en esta tendencia. Agarwal niega que los robots vayan a robar empleos y sostiene que en el futuro robots y humanos "trabajarán juntos". Como ejemplo, sugiere que "un soldador en India podría controlar un robot soldador en Praga". Aditi Surie, experto en trabajo digital del Instituto Indio de Asentamientos Humanos en Bangalore, anticipa que "es posible que estos servicios de recolección de datos aumenten". Lo que suceda dependerá de decisiones que aún no se han tomado, de políticas que aún no se han escrito, y de cómo India navegue la brecha entre la promesa de la tecnología y la protección de sus trabajadores más vulnerables.
Notable Quotes
¿Quién más te va a pagar 250 rupias por hora solo por hacer oficio doméstico?— Nagireddy Sriramyachandra, entrenadora de IA en Chennai
Se ha prestado poca atención a cómo la IA puede ayudar a los 490 millones de trabajadores informales de India, la columna vertebral de nuestra economía— Informe de NITI Aayog, centro de estudios gubernamental
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué India específicamente? ¿Qué hace que este país sea el lugar donde se concentra este trabajo?
El costo laboral es bajo, pero no es solo eso. India tiene una población masiva, una creciente industria tecnológica, y una fuerza laboral dispuesta. Además, muchas de estas empresas tienen raíces aquí. Ravi Shankar contrató en Tamil Nadu porque creció allí. Es una combinación de acceso, escala y conexión.
Estos trabajadores ganan dos dólares por hora. ¿Eso es considerado un buen salario en India?
Depende del contexto. Para alguien como Sriramyachandra, que es ama de casa, o Ponni, que hace guirnaldas de flores en la calle, es dinero que de otra forma no tendrían. Pero es también un síntoma de cómo se valora el trabajo. Estás entrenando máquinas que eventualmente podrían reemplazar empleos que pagan mucho más.
El gobierno indio parece estar estudiando esto. ¿Qué tan en serio se toman el riesgo?
Lo suficientemente en serio como para que NITI Aayog examine el impacto en zapateros, limpiadores de alcantarillas, agricultores. Pero el informe que divulgaron señala que casi nadie está hablando de los 490 millones de trabajadores informales. Es como si el debate estuviera ocurriendo en una habitación donde no están los más afectados.
¿Crees que Agarwal tiene razón? ¿Que robots y humanos trabajarán juntos?
Es posible. Un soldador controlando un robot en otra ciudad es una visión plausible. Pero eso requiere que alguien invierta en entrenar a ese soldador, en mantenerlo empleado durante la transición. No veo evidencia de que eso esté sucediendo. Lo que veo es gente grabándose a sí misma por dos dólares por hora.
¿Qué debería estar pasando que no está pasando?
Conversación. Protección. Planificación. India está construyendo la infraestructura de una economía futura sin decidir quién se beneficia de ella. Ponni dijo algo importante: la próxima generación tendrá problemas. Eso no es especulación. Es una advertencia.