La tormenta tropical Bertha, avanzando lentamente hacia la costa de Luisiana con vientos de 50 millas por hora, nos recuerda que la naturaleza no respeta las fronteras trazadas por los hombres: sus efectos se propagan en ondas invisibles a través de redes humanas que creímos dominar. Lo que comenzó como un sistema meteorológico en el Golfo de México terminó reorganizando los cielos de California, Texas y más allá, convirtiendo un fenómeno local en una perturbación nacional. En la interconexión de nuestras infraestructuras modernas, la distancia ya no es garantía de aislamiento.