Tokio, ciudad que ha moldeado su identidad a través del movimiento y el agua, inaugura en 2026 dos servicios de transporte eléctrico que no solo reducen emisiones, sino que reanudan un diálogo con su propio pasado: los vehículos e-Palette recorren Odaiba en silencio, mientras los barcos eléctricos e-LINER navegan por las mismas vías fluviales que conectaron la ciudad durante el período Edo. En este gesto doble, la metrópolis no abandona su historia, sino que la electrifica.