El único en su categoría, pero no el mejor en nada concreto
En un mercado donde la movilidad doméstica rara vez se toma en serio, Thomson ha construido un objeto que desafía las categorías: ni televisor, ni tablet, ni monitor convencional, sino los tres a la vez sobre ruedas. El Thomson Go Plus Pro UHD llega a los hogares europeos por 699 euros como respuesta a una pregunta que pocos fabricantes se habían atrevido a formular: ¿qué pasa si la pantalla te sigue a ti, en lugar de esperarte fija en la pared? La respuesta es imperfecta —el brillo prometido no llega, la autonomía se queda corta— pero revela un hueco real en el ecosistema de pantallas personales que, por ahora, solo este dispositivo ocupa.
- Thomson lanza un monitor 4K de 27 pulgadas con ruedas, batería y sonido integrado por 699 euros, apuntando a un segmento sin competencia directa clara.
- Las mediciones independientes exponen una brecha del 25% entre el brillo declarado (450 nits) y el real (337 nits), y la autonomía práctica no supera las 3,5 horas frente a las 4 prometidas.
- El sistema de audio de 42 vatios con subwoofer en la base es el punto más sólido del producto, superando con claridad a cualquier altavoz integrado en televisores de su rango de precio.
- La función táctil se desactiva al conectarlo como monitor externo por HDMI o USB-C, una limitación que frustra precisamente el caso de uso más obvio para teletrabajadores.
- Frente a alternativas como la LG StanbyME2 (1.000 euros) o los Samsung M8 sin batería, el Go Plus Pro UHD se posiciona como la opción más completa dentro de su nicho a menor coste.
- El producto no convence para cine exigente, gaming o trabajo fotográfico profesional, pero sí para familias, personas mayores, hostelería ligera y quienes trabajan en distintos rincones del hogar.
Después de dos semanas moviéndolo de habitación en habitación, queda claro que el Thomson Go Plus Pro UHD exige redefinir la palabra portátil. No es una pantalla que se carga bajo el brazo: son 16 kilos sobre cinco ruedas de goma maciza, una columna de aluminio ajustable hasta 1,30 metros y un panel de 27 pulgadas que gira 90 grados con una sola mano. Portátil aquí significa que se desplaza por la casa sin desenchufar nada, como una tablet gigante con ruedas.
La pantalla promete 4K UHD a 450 nits, pero las mediciones reales arrojan 337 nits en el centro del panel, un 25% menos. Bajo luz natural directa la diferencia se nota; en interior con luz tamizada, la imagen es nítida y el contraste cumple lo prometido. El sistema operativo Android 14 no ofrece controles avanzados de imagen, pero Netflix, Disney+ y Amazon Prime Video funcionan en 4K HDR con certificación Widevine L1. Donde el dispositivo destaca sin reservas es en el sonido: 42 vatios distribuidos entre subwoofer en la base y altavoces traseros producen un resultado que deja atrás a cualquier televisor de su rango de precio.
La batería de 9.000 mAh promete cuatro horas, pero en condiciones reales —brillo a la mitad, audio normal— la autonomía se sitúa entre tres y tres horas y media. La carga completa requiere otras 2,5 horas, lo que obliga a planificar. Hay además una limitación de diseño que resulta frustrante: al conectarlo como monitor externo por HDMI o USB-C, la pantalla táctil deja de funcionar.
Descomponiendo el precio, la suma de sus partes por separado ronda los 600 euros; por 99 más, el Go Plus Pro UHD lo integra todo con batería, ruedas y rotación. Sus competidores más cercanos —la LG StanbyME2 o los Samsung M8— o cuestan bastante más o no ofrecen batería. El dispositivo tiene sentido para familias con casas grandes, teletrabajadores que cambian de espacio, personas mayores o entornos de hostelería ligera. No lo tiene para quienes buscan televisor principal, gaming exigente o calibración profesional. No es el mejor en nada concreto, pero por ahora es el único en su categoría.
Después de dos semanas llevando el Thomson Go Plus Pro UHD de una habitación a otra, la primera lección es que la palabra portátil necesita matices. Esta no es una pantalla que cargues bajo el brazo. Es un monitor de 27 pulgadas montado sobre una columna de aluminio, equipado con cinco ruedas de goma maciza y un peso total de 16 kilos distribuidos con cuidado para que ruede sin volcar. Portátil significa que se mueve por la casa sin necesidad de desenchufar. Portátil entendido como una tablet gigante con ruedas.
La experiencia física es sorprendentemente cómoda una vez que está en el suelo. Las ruedas ruedan suave sobre parqué y baldosa, se atascan apenas en alfombras gruesas. La columna se ajusta hasta 1,30 metros de altura, permitiendo usarla de pie en la cocina o bajarla a la altura del sofá en el salón, aunque algunos usuarios querrían que subiera un poco más para presentaciones en pie. La rotación de 90 grados convierte el panel en monitor vertical, útil para recetas o documentos largos, y es la primera función que convence: girar la pantalla con una mano mientras sigue reproduciendo contenido sin desconectar nada.
La pantalla promete 4K UHD a 450 nits de brillo, pero las mediciones independientes revelan 337 nits en el centro del panel, un 25 por ciento menos. La diferencia se nota bajo luz natural directa, pero en interior con persiana echada o luz tamizada, la imagen es nítida. Los píxeles 4K en 27 pulgadas ofrecen un grano finísimo y el contraste medido de 1.129:1 cumple lo prometido. No es un panel para cinéfilos, pero tampoco pretende serlo. La calibración de fábrica viene fría con dominante azul, y el sistema operativo Android 14 no ofrece los controles avanzados de un televisor Sony o LG: sin ajustes de gamma, sin modos de cine, sin calibración profesional. Lo que tienes es lo que Android permite: brillo y un par de filtros. A 50 centímetros de distancia viendo una serie en Disney+ con luz baja, la diferencia desaparece. Netflix, Disney+ y Amazon Prime Video están certificados con Widevine L1, lo que significa que sí, ves contenido en 4K HDR sin limitaciones.
Donde Thomson saca pecho con razón es en el sonido. El sistema distribuye 42 vatios entre un subwoofer alojado en la base, altavoces de medios y agudos en la parte trasera del panel. La distribución es 20 vatios para el subwoofer, 20 para medios y 2 vatios para agudos. Suena extraño en papel, pero el resultado es el de una soundbar discreta integrada de fábrica. Probado con música, cine y videojuegos, el subwoofer da cuerpo a las graves que no se acerca a una barra de sonido dedicada de 300 euros, pero deja muy atrás cualquier altavoz integrado en televisores de su rango de precio y superiores. La voz se escucha clara incluso con ruido de extractor, y a volumen alto el panel no vibra ni traquetea.
La batería de 9.000 mAh promete hasta cuatro horas, pero con brillo máximo la autonomía real es de 2,5 horas. En condiciones más razonables, con brillo a la mitad y audio a volumen normal, las pruebas muestran entre 3 y 3,5 horas. La carga completa lleva 2,5 horas, lo que obliga a planificar. La idea romántica del dispositivo sin cables funciona para una película, dos capítulos de serie, una comida viendo un partido. No funciona para una jornada entera de teletrabajo en la terraza ni para gaming intensivo.
El procesador ARM octacore con GPU Mali-G52, 8 GB de RAM y 64 GB de almacenamiento sitúa el dispositivo en la franja media-baja de tablets Android. Para streaming, navegación, correos y videollamadas va sobrado sin tirones, pero no es una tablet de gaming ni un PC. Hay una limitación notable: cuando lo conectas como monitor externo a un portátil por HDMI o USB-C, la pantalla deja de ser táctil. Ofrece 4K, ruedas, batería, sonido decente y altura ajustable, pero la función táctil solo opera en modo Android. Si lo enchufas a una MacBook para tener pantalla extra grande mientras trabajas en la cocina, vuelve a ser un monitor pasivo tradicional.
Descomponiendo lo que ofrece: un monitor 4K de 27 pulgadas decente cuesta unos 300 euros, una webcam Full HD razonable 40 euros, una soundbar con subwoofer pasable 80 euros, una tablet Android de 8 GB con almacenamiento decente 180 euros. Suma 600 euros. Por 99 euros más, el Go Plus Pro UHD entrega todo integrado con batería, ruedas y rotación, más tres años de garantía. Sus competidores reales son pocos. La LG StanbyME2 ronda los mil euros con mejor panel pero pide 300 euros más. Los modelos LG Swing equivalentes no llevan batería. Los smart monitors Samsung M8 cuestan entre 500 y 700 euros pero tampoco son inalámbricos. Thomson se ha colado en un hueco específico donde la competencia o es muy cara o no existe.
Tiene sentido para familias con casas grandes que quieren una segunda pantalla rotando entre estancias sin cables, para teletrabajadores en distintos sitios de la casa, para gente mayor que aprecia una pantalla a la altura de los ojos, para hostelería ligera y espacios coworking, para padres que quieren ver una serie en la cocina sin recurrir a tablets pequeñas. No tiene sentido para quien busca televisor principal, para gamers exigentes con sus 60 Hz y SoC modesto, para fotógrafos que necesitan calibración rigurosa, para quien espera una segunda pantalla táctil real para su portátil. Después de dos semanas, lo que queda es esto: el Go Plus Pro UHD no es el mejor en nada concreto, pero es el único en su categoría. Le falta brillo respecto a lo prometido, le sobran kilos para llamarse portátil sin matices, le sobra autonomía en papel y le falta en práctica, y algunas decisiones de diseño como el táctil bloqueado en modo monitor externo resultan frustrantes. Aun así, para el nicho específico al que va dirigido, funciona.
Citações Notáveis
Portátil entendido como se mueve por casa sin desenchufarla. Portátil entendido como una mega tablet con ruedas.— Análisis del producto
El subwoofer da un cuerpo a las graves que no se acerca a una barra de sonido dedicada de 300 euros, pero deja muy atrás a cualquier altavoz integrado en un televisor de su rango de precio.— Evaluación del sistema de audio
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué Thomson decidió bloquear la función táctil cuando lo conectas como monitor externo?
No es una decisión de diseño llamativa, simplemente es que no queda otra. El dispositivo es Android primero y monitor después. El USB-C podría admitir táctil bidireccional en teoría, pero la prioridad fue mantener la coherencia del ecosistema Android.
Entonces, ¿para quién no funciona este producto?
Para quien busca un televisor principal, para gamers exigentes, para fotógrafos que necesitan calibración profesional, para quien espera una segunda pantalla táctil real para trabajar con su portátil. Es un producto de nicho muy específico.
El brillo real es un 25 por ciento menos que lo prometido. ¿Eso es un problema grave?
Depende del uso. En interior con luz controlada, no se nota. Pero si lo usas en terraza con luz cenital o cerca de una ventana sur, la diferencia es evidente. Thomson no miente, pero la ficha técnica no cuenta toda la historia.
¿Cuál es la verdadera fortaleza del producto?
El sonido. Un subwoofer integrado de 20 vatios en la base que da cuerpo a las graves, altavoces de medios claros incluso con ruido de fondo. Es lo mejor del aparato, de lejos.
¿Y la autonomía?
Promete cuatro horas, pero con brillo máximo son 2,5 horas reales. En condiciones normales, entre 3 y 3,5 horas. Funciona para una película o dos capítulos de serie, no para una jornada entera de teletrabajo sin cables.
¿Entonces, ¿a quién le vendo esto?
A familias que quieren una pantalla que ruede entre habitaciones sin tirar cables. A teletrabajadores que no quieren comprar un monitor por cada cuarto. A gente mayor que aprecia una pantalla a la altura de los ojos. A espacios coworking. A hostelería ligera. A padres que cocinan y quieren ver una serie sin tablets pequeñas.