Thiel, rey de la Patagonia: Argentina como laboratorio de IA sin reglas

El proyecto implica potencial desplazamiento de poblaciones indígenas y rurales, similar a la histórica Conquista del Desierto que causó miles de muertos y desplazados.
Un gobierno dispuesto a ofrecerle un reino propio
Thiel encuentra en Argentina lo que Occidente le niega: legislación sin límites y acceso a datos estatales.

Thiel, ideólogo libertario con patrimonio de 30.000 millones de dólares, abandona EE.UU. para establecerse en Buenos Aires y desarrollar centros de datos masivos en la Patagonia. El proyecto incluye explotación de Vaca Muerta, energía nuclear y ciudades sin Estado, aprovechando legislación sin límites que ofrece el gobierno argentino a cambio de acceso a datos estatales.

  • Peter Thiel, patrimonio de 30.000 millones de dólares, se traslada a Buenos Aires
  • Palantir rechazada en Francia, Reino Unido, Alemania y España por soberanía digital
  • Proyecto incluye explotación de Vaca Muerta, centros de datos masivos y energía nuclear en la Patagonia
  • Thiel compró mansión en Buenos Aires por 12 millones de dólares
  • Milei ofrece legislación sin regulaciones, acceso a datos estatales y territorio para experimentación

Peter Thiel, magnate de la IA y fundador de Palantir, se traslada a Argentina para convertir la Patagonia en un laboratorio sin regulaciones de inteligencia artificial, con apoyo del gobierno de Milei.

Peter Thiel, el empresario más ideológicamente comprometido con la inteligencia artificial, acaba de trasladar su residencia a Buenos Aires. Con una fortuna de treinta mil millones de dólares según Forbes, el fundador de Palantir ha decidido abandonar Estados Unidos y establecerse en Argentina, donde ve una oportunidad única: convertir la Patagonia en un laboratorio sin restricciones para la IA.

Thiel es un hombre de trayectoria compleja. Nacido en Alemania en 1967, pasó su infancia entre Estados Unidos y Sudáfrica, estudió filosofía y derecho en Stanford, y construyó su imperio empresarial con precisión. Fundó PayPal, invirtió en Facebook, y creó Palantir en 2003 con apoyo de la CIA. La empresa desarrolla plataformas de análisis de datos masivos —Gotham y Foundry— que procesan volúmenes enormes de información para gobiernos, agencias de inteligencia, ejércitos y corporaciones. Hoy Palantir es uno de los principales contratistas del Pentágono.

Pero Thiel no es solo un inversor. Es un ideólogo libertario que ve en la regulación de la IA una amenaza existencial. Hace tres meses viajó a Roma para confrontar al Papa León XIV días antes de la publicación de una encíclica pontificia sobre inteligencia artificial. Thiel consideraba que el pontífice era el verdadero Anticristo por oponerse a la libertad sin límites para la tecnología. Intentó dar una conferencia en la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino, donde el Papa estudió derecho canónico en los años setenta, pero el evento fue trasladado a un palacio privado. Recientemente, en un foro en Aspen, Colorado, Thiel acusó al Papa de comportarse como un agente del Partido Comunista Chino por proponer restricciones a la IA.

Esta obsesión ideológica ocurre en un momento de turbulencia global. En Estados Unidos crece la inquietud social ante el despliegue acelerado de la IA en fábricas y oficinas. Las protestas han obligado a cancelar proyectos valorados en cuarenta y dos mil millones de dólares por preocupaciones sobre consumo de energía y agua. Europa, entretanto, está rechazando a Palantir: Francia rescindió su contrato invocando soberanía digital; Reino Unido estudia anular el contrato del Servicio Nacional de Salud; Alemania va en la misma dirección; España ha enviado instrucciones a empresas públicas para no cerrar contratos con la compañía de Thiel. Telefónica e Indra son los principales destinatarios de ese veto.

En este contexto, Thiel ha encontrado en Argentina lo que no puede obtener en Occidente: un gobierno dispuesto a ofrecerle un reino propio. Javier Milei le promete legislación sin límites, ausencia de supervisión regulatoria, y acceso completo a los datos del Estado argentino. A cambio, Thiel invertirá en la Patagonia. Su fondo Founder Fund está financiando un programa para maximizar la explotación de Vaca Muerta, la gigantesca formación geológica con hidrocarburos no convencionales en el norte patagónico. El gas excedente será convertido en electricidad para alimentar centros de datos de alta densidad. Thiel quiere construir numerosos centros de datos en las llanuras patagónicas, aprovechando los cursos de agua y las excelentes condiciones de refrigeración. Es el mismo proyecto de ciudades sin Estado que intentó en Honduras con Próspera, en la isla de Roatán, que fracasó tras un fallo adverso de la Corte Suprema.

La Patagonia es un territorio de dimensión casi mítica. Ocupa una superficie similar a la suma de Francia y España, con una de las densidades demográficas más bajas del planeta. Existe una Patagonia andina de paisajes idílicos, donde Thiel se reunió con empresarios argentinos en el hotel Llao-Llao de Bariloche. Pero la inmensa mayoría es una Patagonia desértica: vientos del Pacífico descargan tres mil litros anuales de lluvia en las laderas occidentales de los Andes, pero cuando alcanzan las mesetas patagónicas llegan prácticamente secos, dejando apenas trescientos litros anuales. Es una llanura interminable, dura, uniforme, cubierta de arbustos espinosos, separada por distancias que desbordan las referencias europeas.

Esta inmensidad ha atraído durante siglos a visionarios. Vicente Blasco Ibáñez llegó en 1909 con el sueño de convertir el Alto Valle del Río Negro en una colonia agrícola moderna. Fundó Colonia Cervantes en 1910, pero el proyecto fracasó ante la dureza del medio y la insuficiencia de recursos. Los colonos galeses que se establecieron en el valle del Chubut a finales del siglo XIX tuvieron más éxito: sus descendientes aún preservan la lengua y cultura galesa en Rawson, Gaiman, Trelew y Trevelin. Douglas Tompkins, fundador de The North Face, compró trescientas mil hectáreas en la Patagonia chilena con el objetivo de permitir que la naturaleza sanara sin intervención humana. Thiel quiere algo radicalmente distinto: un experimento anarco-liberal donde la IA y el capital extranjero operen sin restricciones estatales.

Para que esto prospere, el mandato de Milei debe tener continuidad. Palantir se ocupará de ello si obtiene acceso a todos los datos del Estado argentino sobre sus ciudadanos. La colonización de esos datos puede cambiar definitivamente el destino de Argentina. Thiel ha comprado una mansión en Buenos Aires por doce millones de dólares, donde vive con su marido Matt Danzeisen y dos hijos adoptados. El reino antipapista en la Patagonia está tomando forma mientras el mundo occidental cierra sus puertas a Palantir.

El Papa se comporta como un agente del Partido Comunista Chino
— Peter Thiel, en un foro en Aspen, Colorado, refiriéndose a la encíclica papal sobre IA
Ayudar a la naturaleza a sanar, sin intervención humana
— Douglas Tompkins, sobre su proyecto en la Patagonia chilena
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
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¿Por qué Argentina? ¿Qué tiene que Thiel no puede conseguir en Estados Unidos o Europa?

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Argentina le ofrece algo que Occidente le niega: un gobierno que no solo permite, sino que promueve activamente la experimentación sin regulaciones. Milei le da acceso a datos estatales, legislación flexible, y territorio virgen. En Europa lo rechazan por soberanía digital. En EE.UU. hay protestas masivas contra la IA.

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¿Es realmente posible que una empresa privada controle los datos de un Estado entero?

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Si Palantir obtiene acceso a los datos del Estado argentino, sí. Eso es lo que está en juego. No es solo sobre centros de datos en la Patagonia. Es sobre quién controla la información que define a una nación.

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¿Qué significa que Thiel vea al Papa como un enemigo existencial?

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Para Thiel, cualquier restricción a la IA es una restricción a la libertad absoluta. El Papa propone límites éticos. Para Thiel, eso es comunismo. Es una visión ideológica pura, sin matices.

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¿Qué pasó con sus proyectos anteriores? ¿Por qué fracasó Próspera?

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Próspera en Honduras intentó crear una ciudad sin Estado bajo jurisdicción privada. La Corte Suprema hondureña lo bloqueó. La Patagonia es diferente: está vacía, es remota, y el gobierno argentino está dispuesto a colaborar.

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¿Hay precedentes históricos de esto?

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Sí, pero todos fracasaron o tuvieron consecuencias devastadoras. Blasco Ibáñez perdió su fortuna. Los colonos galeses sobrevivieron pero con enormes dificultades. Y antes, la Conquista del Desierto desplazó a miles de indígenas. La Patagonia atrae a visionarios, pero el territorio es implacable.

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¿Qué podría detener esto?

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La continuidad política de Milei. Si pierde poder, el acuerdo se desmorona. También la presión internacional sobre soberanía digital. Pero por ahora, Thiel tiene lo que quería: un lugar donde puede construir sin que nadie le diga que no.

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