Durante una década, investigadores del Imperial College London observaron a miles de hombres que eligieron destruir solo el tumor prostático en lugar de sacrificar el órgano entero. Lo que encontraron desafía una larga tradición médica: la supervivencia es comparable a la cirugía radical, pero el cuerpo —y la dignidad— permanecen en gran medida intactos. Este estudio, publicado en European Urology, no es solo un avance clínico; es una invitación a repensar qué significa curar sin devastar.