La verdadera libertad podría ser la capacidad de decir no
En algún lugar de Japón, un hombre dibuja historias de paz sin teléfono móvil ni automóvil. Susumu Higa, mangaka conocido por su obra antibélica, ha construido una vida donde los valores y los hábitos cotidianos hablan el mismo idioma: el rechazo a la violencia no termina en la página, sino que continúa en cada decisión de consumo. Su existencia plantea una pregunta antigua con urgencia contemporánea: ¿cuánto de lo que llamamos comodidad sostiene, sin que lo veamos, los sistemas que decimos rechazar?
- Higa dibuja mundos sin guerra mientras vive sin los dispositivos que, según su lógica, alimentan los sistemas que hacen posible la guerra.
- En una sociedad donde el teléfono móvil es casi un órgano vital, su ausencia no pasa desapercibida: es una provocación silenciosa al orden tecnológico dominante.
- La tensión no es entre Higa y la tecnología, sino entre la coherencia que él encarna y la comodidad que la mayoría prefiere no cuestionar.
- Su obra sigue publicándose, sus historias siguen llegando a lectores: demuestra que vivir con menos no equivale a desaparecer ni a dejar de importar.
- El ejemplo de Higa aterriza como una pregunta incómoda: si rechazamos la violencia en teoría pero la sostenemos en la práctica cotidiana, ¿qué tan genuino es ese rechazo?
Susumu Higa trabaja cada día sin teléfono móvil y sin coche. En su casa japonesa, este mangaka crea historias que rechazan la guerra no como ideal abstracto, sino como convicción vivida. Para él, la coherencia entre lo que uno dibuja y lo que uno hace no es un gesto: es la única forma honesta de existir.
Mientras otros autores de manga construyen universos de batalla y poder acumulado a través de la destrucción, Higa dibuja personajes que buscan salidas sin violencia. La guerra, en su obra, aparece como lo que él considera que es: un fracaso de la imaginación humana. Esa voz lo distingue entre sus colegas y lo conecta con sus lectores.
Pero la dimensión más reveladora de Higa no está en sus páginas, sino en su vida cotidiana. Rechaza el teléfono móvil no por nostalgia ni por purismo romántico, sino porque la tecnología que se consume sin reflexión es, a su juicio, la misma que alimenta sistemas de vigilancia, control y guerra. Si la violencia le parece inaceptable en sus historias, no puede aceptarla disfrazada de comodidad en su rutina.
Su minimalismo no es ascetismo de escaparate. Vive simplemente porque cree que la simplicidad es más honesta, más alineada con sus valores. No condena la tecnología en abstracto, sino la forma en que la industria la produce, la sociedad la consume y los gobiernos la utilizan para controlar y hacer la guerra.
En Japón, donde los gadgets más nuevos se esperan casi como revelaciones, Higa es una anomalía productiva: publica, crea, llega a su público. Demuestra que es posible vivir de otra manera sin volverse invisible. Su existencia es, en sí misma, un argumento: la coherencia es posible, no es fácil ni popular, pero existe.
Susumu Higa vive sin teléfono móvil. No tiene coche. En su casa, en algún lugar de Japón, el mangaka trabaja cada día creando historias que rechazan la guerra, que cuestionan la violencia, que insisten en la paz como algo más que un ideal abstracto. Para Higa, esta coherencia no es performance. No es un gesto. Es la única forma que sabe vivir.
El dibujante es conocido en los círculos del manga por una obra que rechaza las narrativas de conflicto armado. Mientras otros mangakas construyen universos de batalla épica, de poder acumulado a través de la destrucción, Higa dibuja otra cosa: personajes que buscan soluciones sin violencia, historias donde la guerra aparece como lo que es, un fracaso de la imaginación humana. Sus lectores lo reconocen por esto. Sus colegas lo reconocen por esto. Es su marca, su convicción, su voz.
Pero lo interesante no es solo lo que dibuja. Es cómo vive. En una época donde la tecnología es casi sinónimo de existencia moderna, donde un teléfono móvil es tan esperado como el aire, Higa ha decidido no tener uno. No por nostalgia. No por purismo romántico. Porque, según su lógica, la tecnología que consume sin pensar es la misma tecnología que alimenta sistemas de vigilancia, de control, de guerra. Si rechaza la violencia en sus historias, ¿cómo podría aceptarla en su vida cotidiana?
Esta es la pregunta que su existencia plantea a quien la observa. No es una pregunta cómoda. Vivimos en un mundo donde la comodidad y la tecnología son casi sinónimos. Donde un coche es libertad, donde un teléfono es conexión, donde rechazar ambos parece un acto de privación más que de principio. Higa sugiere algo diferente: que la verdadera libertad podría ser la capacidad de decir no, de vivir según lo que uno cree, incluso cuando eso significa estar fuera de paso con el resto.
Su minimalismo no es ascetismo performativo. No viste ropas de saco ni come solo arroz. Vive simplemente porque cree que la simplicidad es más honesta, más clara, más coherente con sus valores. Cada cosa que posee, cada decisión que toma, está alineada con su rechazo a la violencia y al consumismo sin sentido. No es que la tecnología sea mala en sí misma. Es que la forma en que la sociedad la consume, la forma en que la industria la produce, la forma en que los gobiernos la utilizan para controlar y para hacer la guerra, todo eso le parece incompatible con una vida vivida con intención.
En Japón, donde la tecnología es casi una religión, donde los gadgets más nuevos son esperados como revelaciones, Higa es una anomalía. Pero es una anomalía que trabaja, que produce, que contribuye. Sus mangás se publican. Sus historias llegan a lectores. Demuestra que es posible vivir de otra manera sin desaparecer del mundo, sin convertirse en un ermitaño. Simplemente, viviendo con menos, pidiendo menos, consumiendo menos.
Lo que su vida sugiere es que la coherencia es posible. Que no es necesario ser un hipócrita, predicando paz mientras se vive en la comodidad de sistemas violentos. Que hay una forma de vivir que honra lo que uno cree. No es fácil. No es popular. Pero existe. Y Susumu Higa es la prueba viviente de que alguien puede rechazar tanto la guerra como la tecnología que la facilita, y aun así crear, aun así importar, aun así vivir una vida plena.
Citações Notáveis
Si rechaza la violencia en sus historias, ¿cómo podría aceptarla en su vida cotidiana?— Filosofía implícita de Susumu Higa
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué un mangaka que rechaza la violencia también rechaza la tecnología? ¿No son cosas separadas?
Para Higa no lo son. Ve la tecnología moderna como parte del mismo sistema que produce guerra. Los teléfonos, los coches, todo está conectado a cadenas de producción, de vigilancia, de control que él considera violentas.
Pero eso suena como culpar a la tecnología por los problemas políticos. ¿No es la tecnología neutral?
Quizás. Pero Higa no cree en la neutralidad. Cree que cada objeto que compras, cada dispositivo que usas, te hace cómplice de sistemas que no apoyas. Así que rechaza la complicidad.
¿No se siente aislado? Sin teléfono, sin coche, en una sociedad que depende de ambos.
Probablemente. Pero su trabajo llega a la gente. Sus historias se publican. Demuestra que es posible estar fuera del sistema y aún ser relevante, aún importar.
¿Crees que su forma de vivir es un mensaje para sus lectores?
Creo que es más que un mensaje. Es una pregunta. ¿Podemos vivir de acuerdo con lo que creemos? ¿O siempre seremos hipócritas? Higa dice que sí, que podemos. Y eso es lo radical.