Todos los edificios presentan riesgo de derrumbe. Algunos no se han caído pero todos tienen fisuras.
En la tarde del lunes, la tierra se fracturó bajo el condado de Luding, en Sichuan, con una fuerza que recuerda cuán frágil es el orden humano frente a los movimientos profundos del planeta. Un sismo de magnitud 6,6 dejó al menos 66 muertos, cientos de heridos y miles de desplazados en una región de geografía hostil, cerca de los bordes de la meseta tibetana. Mientras más de 6.500 rescatistas buscan sobrevivientes entre escombros, la amenaza no ha cesado: las réplicas continúan y las lluvias se aproximan, recordándonos que los desastres rara vez llegan solos.
- Un sismo de 6,6 grados sacudió el condado de Luding a solo diez kilómetros de profundidad, derrumbando edificios y fracturando carreteras en una zona de valles profundos y terreno inestable.
- Al menos 66 personas murieron, 250 resultaron heridas y 12 permanecen desaparecidas, mientras más de 11.000 fueron evacuadas de zonas donde la tierra misma amenaza con ceder.
- Unos 200 turistas quedaron atrapados en un valle glaciar a más de 2.850 metros de altitud, y siete plantas hidroeléctricas sufrieron daños, agravando la crisis en la región.
- Más de 6.500 militares y bomberos trabajan contra el reloj cruzando ríos por puentes improvisados y cables, extrayendo cuerpos y heridos de entre los escombros.
- Las lluvias previstas para los próximos días amenazan con desencadenar deslaves en un terreno ya desestabilizado, poniendo en riesgo tanto a los sobrevivientes como a los propios rescatistas.
El lunes por la tarde, un terremoto de magnitud 6,6 sacudió el condado de Luding, en la provincia china de Sichuan, con epicentro a apenas diez kilómetros de profundidad. Para el martes, las autoridades confirmaban al menos 66 muertos, cerca de 250 heridos y 12 desaparecidos. Más de 11.000 personas habían sido evacuadas de zonas donde los edificios se desmoronaban y el terreno amenazaba con ceder.
La región afectada, enclavada entre valles profundos y carreteras estrechas a unos 200 kilómetros al oeste de Chengdu, convirtió las labores de rescate en una tarea extrema. Más de 6.500 militares y bomberos se abrían paso entre ruinas, algunos cruzando ríos por puentes improvisados o cables tendidos entre orillas. Las imágenes de la televisión pública mostraban heridos transportados en camillas a través de pasos precarios.
En el pueblo de Moxi, uno de los más golpeados, los habitantes dormían en tiendas de campaña instaladas por los socorristas. Chen Ling, dueña de un restaurante, explicaba que era más seguro así, pues las réplicas continuaban y las tejas podían caer de los edificios agrietados. Yang Qing, otra comerciante del mismo pueblo, pasó la noche en una carpa tras ver que todos los inmuebles presentaban grietas profundas. La electricidad había sido cortada; solo generadores portátiles ofrecían algo de luz.
Aproximadamente 200 turistas quedaron bloqueados en el valle glaciar de Hailuogou, a más de 2.850 metros de altitud. Siete plantas hidroeléctricas sufrieron daños y al menos diez réplicas de magnitud 3 o superior mantuvieron a la población en alerta constante. El sismo fue sentido incluso en Chengdu, donde millones estaban confinados por un brote de covid, y en la megaciudad de Chongqing.
El presidente Xi Jinping urgió a hacer todo lo posible para minimizar las pérdidas humanas. Sin embargo, los servicios meteorológicos advirtieron sobre lluvias inminentes que podrían desencadenar deslaves y complicar gravemente las operaciones de rescate. Sichuan conoce bien esta violencia: en 2008 sufrió un terremoto de 7,9 grados que dejó 87.000 muertos o desaparecidos. Mientras los rescatistas siguen buscando entre los escombros, el clima que se aproxima impone una nueva cuenta regresiva.
El lunes por la tarde, la tierra se movió bajo el suroeste de China con una violencia que dejó ruinas, familias separadas y equipos de rescate trabajando contra el reloj. Un terremoto de magnitud 6,6 sacudió el condado de Luding, en la provincia de Sichuan, a las 13 horas locales, con su epicentro a apenas diez kilómetros de profundidad. Cuando los números comenzaron a consolidarse el martes, las autoridades confirmaban al menos 66 muertos, casi 250 heridos y 12 personas aún desaparecidas entre los escombros. La cifra de evacuados superaba los 11.000, sacados de zonas donde los edificios se desmoronaban y donde la tierra misma amenazaba con ceder bajo sus pies.
El epicentro se ubicó en una región de geografía hostil: valles profundos, ríos turbulentos y carreteras estrechas que serpentean cerca de los bordes de la meseta tibetana, a unos 200 kilómetros al oeste de Chengdu, la capital provincial. Bomberos y militares —más de 6.500 movilizados en total— se abrían paso entre ruinas y fracturas del terreno, algunos cruzando ríos por puentes improvisados o cables tendidos entre las orillas. Las imágenes transmitidas por la televisión pública mostraban cuerpos extraídos de los escombros, heridos transportados en camillas a través de pasos precarios, la magnitud cruda del desastre.
En el pueblo de Moxi, uno de los lugares más golpeados, Chen Ling, dueña de un restaurante, describía la realidad inmediata: toda la población vivía en tiendas de campaña instaladas por los socorristas y el ejército. "Es más seguro estar aquí", explicaba, "porque todavía hay réplicas y las tejas pueden caer fácilmente de los edificios." La electricidad había sido cortada, aunque generadores portátiles proporcionaban algo de luz. Ella esperaba permanecer en esas condiciones entre diez y quince días. Yang Qing, jefa de otro restaurante en el mismo pueblo, pasó la noche en una tienda después de ver que todos los edificios presentaban grietas profundas, algunos al borde del colapso total.
La geografía que hizo vulnerable a la región también atrapó a turistas. Aproximadamente 200 personas quedaron bloqueadas en el valle de Hailuogou, una zona de glaciares y cumbres nevadas situada a más de 2.850 metros de altitud, conocida por su belleza natural pero ahora convertida en trampa. Siete plantas hidroeléctricas sufrieron daños, según reportó el ministerio de Recursos Hídricos. Las réplicas continuaban: al menos diez temblores de magnitud 3 o superior se registraron después del sismo principal, manteniendo a la población en estado de alerta constante.
El terremoto fue lo suficientemente fuerte para ser sentido en ciudades distantes. En Chengdu, donde millones de personas estaban confinadas por un brote de covid, los residentes reportaron que los edificios se sacudieron violentamente. Una mujer apellidada Zheng, del condado de Lu, contó que fue despertada por un ruido ensordecedor: "La casa se sacudía tan fuerte que me desperté inmediatamente." Su hermano no tuvo tanta suerte; su vivienda, construida hace más de diez años, se derrumbó completamente. La megaciudad de Chongqing, cercana, también sintió el movimiento.
El gobierno chino respondió rápidamente. El presidente Xi Jinping urgió el lunes por la noche a "hacer todo lo posible para ayudar a las personas afectadas" y "minimizar las pérdidas humanas", según la agencia oficial Xinhua. Pero los servicios meteorológicos advirtieron el martes sobre un nuevo peligro: lluvias previstas en los próximos días en la zona más afectada, que podrían complicar gravemente las operaciones de rescate y aumentar el riesgo de deslaves en un terreno ya inestable.
Esta no es la primera vez que Sichuan enfrenta la furia de la tierra. En 2008, un terremoto de magnitud 7,9 devastó la región, dejando 87.000 muertos o desaparecidos, entre ellos miles de estudiantes cuyas escuelas se vinieron abajo. En junio de este mismo año, dos terremotos más pequeños habían dejado al menos cuatro muertos y decenas de heridos. Los temblores son relativamente frecuentes en China, pero eso no disminuye el impacto cuando llegan. Mientras escribo esto, los rescatistas siguen buscando entre los escombros, contra el reloj y contra el clima que se aproxima.
Citações Notáveis
Es más seguro estar aquí, porque todavía hay réplicas y las tejas pueden caer fácilmente de los edificios.— Chen Ling, dueña de restaurante en Moxi
Escuché un ruido estruendoso. La casa se sacudía tan fuerte que me desperté inmediatamente.— Mujer apellidada Zheng, del condado de Lu
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué este terremoto en particular ha dejado tantos muertos si su magnitud fue de 6,6, relativamente moderada comparada con otros?
La geografía lo explica casi todo. El epicentro fue muy superficial, apenas diez kilómetros de profundidad, lo que amplifica el daño. Y la zona es un laberinto de valles estrechos, ríos turbulentos y construcciones antiguas. No hay espacio para que la energía se disipe.
Mencionas que 11.000 personas fueron evacuadas. ¿Eso significa que las autoridades anticiparon lo que vendría?
No exactamente. Las evacuaciones fueron después del terremoto, por el riesgo de réplicas y deslaves. Cuando la tierra se mueve una vez, todo lo que estaba en equilibrio precario —edificios dañados, laderas inestables— se vuelve mortal.
¿Cuál es el verdadero peligro ahora, después de que pasó el sismo principal?
Las réplicas y las lluvias. Diez temblores de magnitud 3 o superior ya han ocurrido. Y si llueve fuerte en los próximos días, los deslaves pueden enterrar pueblos enteros. Los rescatistas están contra el reloj.
Los 200 turistas atrapados en Hailuogou, ¿están en peligro inmediato?
Están aislados a 2.850 metros de altitud en un valle glaciar. Las carreteras están fracturadas o destruidas. No es que estén en peligro de morir de hambre mañana, pero sí están cortados del mundo, sin acceso fácil a medicinas o evacuación si algo sale mal.
¿Qué diferencia hay entre este terremoto y el de 2008 que mató a 87.000 personas?
La magnitud, principalmente. El de 2008 fue 7,9, casi dos puntos más alto en la escala. Pero también la preparación: después de 2008, China mejoró los códigos de construcción. Algunos edificios nuevos resistieron mejor. Aun así, los viejos siguen siendo vulnerables.
¿Cuál es el siguiente punto crítico en esta historia?
Las lluvias. Si caen fuertes en los próximos días, todo lo que hemos visto hasta ahora podría empeorar dramáticamente. Los deslaves en terreno montañoso pueden ser tan mortales como el terremoto mismo.