En el corazón de Silicon Valley, una nueva generación de startups estadounidenses libra una batalla silenciosa pero decisiva: la de demostrar que la inteligencia artificial de código abierto puede competir con los modelos chinos que avanzan a menor costo y velocidad creciente. Arcee AI, con apenas treinta personas y veinte millones de dólares, entrenó en treinta y tres días un modelo que desafía la lógica de que solo los gigantes pueden innovar. La pregunta que queda suspendida en el aire no es técnica, sino filosófica: ¿puede prosperar un modelo de negocio construido sobre la generosidad radi