Desde el extremo sur de Texas, el cohete más grande jamás construido por SpaceX volvió a desafiar la gravedad, esta vez con éxito: la Starship completó un vuelo de una hora, desplegó veinte satélites Starlink y amerizó suavemente en el Océano Índico. Detrás de este logro técnico se esconde una apuesta más profunda: la NASA depende de que esta nave demuestre su fiabilidad antes de que los humanos puedan regresar a la Luna en la misión Artemis III. En la historia de la exploración espacial, cada cohete que flota intacto sobre el agua es también una promesa de que el cosmos puede volverse, poco a