En el instante más silencioso de la cuenta regresiva, cuando el esfuerzo humano y la tecnología convergen en un solo punto de ignición, los motores del Starship de SpaceX permanecieron mudos en Starbase, Texas. La decimotercera misión del cohete más poderoso jamás construido fue abortada sin que nadie pudiera explicar aún por qué. Detrás de ese silencio técnico se extiende una cadena de consecuencias: satélites sin desplegar, astronautas que esperan, y una carrera lunar que sigue midiendo el tiempo en retrasos.