Mientras viva no habrá difuntos sin dueños en La Guajira
En las afueras de Riohacha, donde la pobreza y la migración dejan a los muertos sin nombre ni despedida, una médica forense colombiana llamada Sonia Bermúdez ha construido, con sus propias manos y a lo largo de décadas, un cementerio que la ONU acaba de reconocer como uno de los actos humanitarios más ejemplares del mundo. Su fundación 'Gente como Uno' recuerda que la dignidad en la muerte no debería depender de los recursos en vida. En un tiempo en que la crisis venezolana multiplica las muertes anónimas en La Guajira, Bermúdez encarna la convicción de que cada cuerpo merece ser llorado.
- Cientos de migrantes venezolanos y personas en extrema pobreza mueren en La Guajira sin acceso a un entierro digno, cayendo en el olvido institucional.
- Ninguna organización —ni estatal ni humanitaria— estaba atendiendo el derecho a una sepultura digna para los más vulnerables, dejando un vacío que nadie quería ver.
- Bermúdez respondió al vacío con acción directa: recoge los cuerpos en su camioneta, los prepara, construye las bóvedas con sus manos y acompaña a las familias en el duelo.
- La ONU la seleccionó entre 75 personas en el mundo por su legado social, y ACNUR donó materiales de construcción para que su cementerio siga creciendo.
- Con más de 600 difuntos atendidos y una promesa pública de que ningún muerto quedará sin dueño en La Guajira, su iniciativa avanza de acto personal a referente humanitario internacional.
En las afueras de Riohacha existe un cementerio que no figura en los mapas oficiales. Lo cuida Sonia Marina Bermúdez Robles, médica forense que la ONU acaba de reconocer como una de las 75 personas en el mundo cuyo trabajo construye sociedad de manera ejemplar.
Su historia comenzó a los catorce años, cuando acompañaba a su padre en el cementerio central de Riohacha. Lo que empezó como una tarea familiar se convirtió en vocación: estudió formalmente, trabajó durante 45 años como asistente forense en el Instituto de Medicina Legal y realizó más de 5.000 necropsias. Luego viajó a Bogotá a especializarse en tanatopraxia, el arte de preparar dignamente los cuerpos de los fallecidos.
Fue la crisis migratoria venezolana la que transformó su oficio en misión. Al ver que migrantes y personas sin recursos morían sin posibilidad de un entierro digno, Bermúdez decidió actuar: primero enterraba en el suelo y luego exhumaba; después comenzó a construir bóvedas de cemento. Así nació 'Gente como Uno', un cementerio que hoy ha recibido a más de 600 difuntos. Ella los recoge, los prepara, los sepulta y acompaña a sus familias.
El reconocimiento de la ONU llegó en octubre de 2020, en el marco del 75 aniversario de la organización. Su historia fue además seleccionada para una exposición fotográfica internacional en Holanda. El apoyo más concreto vino de ACNUR, que donó cemento y ladrillos para expandir las bóvedas, reconociendo una necesidad humanitaria que nadie más estaba atendiendo en la región.
Bermúdez ha prometido que mientras viva no habrá difuntos sin dueño en La Guajira. En un departamento donde la pobreza y la migración siguen escribiendo muertes anónimas, ella sostiene que la dignidad no es un privilegio de quienes tienen dinero.
En las afueras de Riohacha, en el departamento de La Guajira, existe un cementerio que no aparece en los mapas oficiales pero que funciona como refugio final para quienes la muerte encuentra sin dinero y sin nombre. Su guardiana es Sonia Marina Bermúdez Robles, una médica forense que la Organización de Naciones Unidas acaba de reconocer como una de las 75 personas en el mundo cuyo trabajo construye sociedad de manera ejemplar.
El camino de Bermúdez hacia este trabajo comenzó a los catorce años, cuando acompañaba a su padre, quien cuidaba el cementerio central de Riohacha. Lo que pudo haber sido una tarea ocasional se convirtió en vocación. Aprendió a realizar necropsias, estudió formalmente, y durante cuarenta y cinco años trabajó como asistente forense en el Instituto de Medicina Legal de la capital departamental. En ese tiempo realizó más de cinco mil autopsias. Luego viajó a Bogotá para especializarse en tanatopraxia, el conjunto de técnicas para preparar dignamente los cuerpos de los fallecidos.
Pero fue la crisis humanitaria en La Guajira la que transformó su trabajo en misión. A medida que llegaban migrantes venezolanos huyendo de la escasez, muchos morían sin recursos para un entierro. Bermúdez vio el vacío y decidió llenarlo. Primero enterraba a los muertos en el suelo y después los exhumaba. Luego comenzó a construir bóvedas de cemento. Hoy su cementerio, que lleva el nombre esperanzador de 'Gente como Uno', funciona como un acto de resistencia contra la invisibilidad de la muerte en la pobreza.
Desde que inició esta iniciativa, más de seiscientos difuntos han pasado por sus manos. No solo los entierra. Los recoge en su camioneta, los prepara, los coloca en las bóvedas que ella misma ha construido, y acompaña a las familias en el duelo. Atiende tanto a migrantes venezolanos como a los llamados 'NN'—muertos desconocidos que fallecen lejos de sus seres queridos. Su cementerio está ubicado en la vía al sur de Riohacha, en un terreno que ella ha transformado en espacio de dignidad para quienes las circunstancias económicas excluyeron de los servicios funerarios oficiales.
El reconocimiento de la ONU llegó en octubre de 2020, en el marco de la conmemoración de los setenta y cinco años de la organización. La historia de Bermúdez fue una de las doce priorizadas por Humanity House en Holanda para una exposición fotográfica internacional. Pero el apoyo más tangible vino del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, ACNUR, que donó cemento y ladrillos para que continuara expandiendo las bóvedas. Según Federico Sersale, jefe de ACNUR en La Guajira, la agencia normalmente no se ocupa de los derechos de los muertos, pero la historia de Bermúdez reveló una necesidad que ninguna otra organización estaba abordando.
Bermúdez ha declarado que mientras viva no habrá difuntos sin dueños en La Guajira, ni colombianos ni venezolanos. Su sueño es que el cementerio 'Gente como Uno' se convierta en lo que ella llama el paraíso terrenal que siempre ha imaginado. En un departamento donde la migración y la pobreza extrema siguen escribiendo historias de muerte anónima, una mujer que comenzó acompañando a su padre en un cementerio ha decidido que cada cuerpo merece ser llorado, cada vida merece ser recordada, y que la dignidad no es un lujo reservado para quienes tienen dinero.
Citas Notables
Mientras viva no habrá difuntos ni colombianos ni venezolanos sin dueños en La Guajira— Sonia Bermúdez
Vieron la necesidad de ocuparse de los derechos de los muertos al conocer la historia de Sonia Bermúdez, porque ninguna otra organización estaba abordando el tema— Federico Sersale, jefe de ACNUR para La Guajira
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Cómo una persona llega a dedicar su vida a enterrar a desconocidos?
Sonia no lo decidió de repente. Comenzó a los catorce años simplemente acompañando a su padre. Luego aprendió el oficio, estudió, trabajó cuarenta y cinco años en medicina forense. Pero fue la crisis de migrantes la que transformó su trabajo técnico en algo más profundo: una respuesta a la invisibilidad.
¿Qué significa que ACNUR, una agencia de refugiados, deba ocuparse de los muertos?
Significa que el sistema falló. Normalmente ACNUR vela por los vivos. Pero cuando vieron lo que Sonia hacía—recoger cuerpos, prepararlos, enterrarlos con dignidad—se dieron cuenta de que nadie más lo estaba haciendo. Tuvieron que entrar en territorio que no era el suyo porque la necesidad era tan clara.
¿Cuál es la diferencia entre un entierro en su cementerio y uno en los servicios oficiales?
No es solo la diferencia de precio, aunque eso importa. Es que en su cementerio, alguien llora con la familia. Alguien conoce el nombre del muerto, o al menos lo trata como si tuviera nombre. Los 'NN'—los muertos desconocidos—dejan de ser números.
¿Por qué la ONU eligió su historia entre millones de historias de humanitarismo?
Porque es simple y radical. No es un programa grande, no es una organización internacional. Es una mujer que decidió que mientras ella viva, nadie morirá sin ser enterrado con respeto. Eso es construcción de sociedad en su forma más pura.
¿Qué pasa cuando ella ya no esté?
Ese es el riesgo. Por eso su sueño es que 'Gente como Uno' se convierta en algo permanente, en lo que ella llama un paraíso terrenal. Pero depende de que otros continúen lo que ella comenzó.