El experto en terremotos Hiroo Kanamori: «Son como un choque en cadena en una autopista»

Los terremotos de Venezuela causaron al menos 2.295 muertos y 11.267 heridos; el terremoto de Tōhoku 2011 en Japón provocó casi 20.000 ahogados y crisis nuclear en Fukushima.
Un choque en cadena en una autopista
Kanamori compara cómo un pequeño terremoto puede crecer hasta convertirse en un evento devastador.

Los terremotos de Venezuela (7,2 y 7,5 magnitud) destruyeron ~58.000 edificios; Japón sufre 1 de cada 10 seísmos mundiales pero tiene infraestructura resiliente. Kanamori desarrolló la escala de magnitud de momento hace 50 años; los seísmos son procesos estadísticos impredecibles pero se pueden mejorar alertas y respuesta.

  • Terremotos de Venezuela: magnitudes 7,2 y 7,5; al menos 2.295 muertos, 11.267 heridos, ~58.000 edificios destruidos o dañados
  • Japón sufre 1 de cada 10 terremotos mundiales; en los últimos 15 años ha tenido 5 seísmos graves
  • Kanamori desarrolló la escala de magnitud de momento hace 50 años; los seísmos son procesos estadísticos impredecibles
  • Terremoto de Tōhoku 2011: magnitud 9,1, desplazó Japón 5-6mm, causó casi 20.000 ahogados y crisis nuclear en Fukushima

Hiroo Kanamori, legendario sismólogo japonés, analiza los devastadores terremotos de Venezuela y subraya la importancia de sistemas de alerta temprana y preparación estructural, aunque advierte que los seísmos no pueden predecirse.

Hace treinta minutos que la tierra se abrió en Venezuela con dos terremotos devastadores —magnitudes 7,2 y 7,5— que dejaron al menos 2.295 muertos y 11.267 heridos. Casi simultáneamente, Japón registró su propio sismo. Fue de menor intensidad, pero potencialmente destructivo. Allí solo hubo cuatro heridos. La diferencia entre ambas tragedias no es geológica sino arquitectónica: Japón construye para que sus edificios sobrevivan. Venezuela no pudo hacerlo. Según estimaciones por satélite, los terremotos destruyeron o dañaron cerca de 58.000 edificios.

Hiroo Kanamori, sismólogo legendario de Tokio nacido en 1936, observa esta disparidad con el peso de casi nueve décadas de vida y una carrera entera dedicada a entender cómo tiembla el planeta. Hace medio siglo, junto al estadounidense Thomas C. Hanks, revolucionó la forma en que medimos los seísmos. Desarrollaron la escala de magnitud de momento, una herramienta logarítmica que captura con precisión la energía liberada en un terremoto. Aunque el público conoce la escala de Richter, la de Kanamori es el estándar global para los grandes movimientos sísmicos, los que destruyen ciudades. Los terremotos de Venezuela fueron medidos con su escala.

Japón vive sobre el cinturón de fuego del Pacífico, en la intersección de cuatro placas tectónicas. Experimenta uno de cada diez terremotos que ocurren en el mundo. Solo en los últimos quince años ha sufrido cinco seísmos graves. Esta exposición constante ha forjado una cultura de preparación que Kanamori resume así: "Hemos sufrido tantos eventos devastadores que los edificios están, en general, mejor construidos para resistir fuertes sacudidas". En Venezuela, la escasez de recursos ha impedido aplicar las recomendaciones que ingenieros profesionales han extraído de terremotos anteriores. El resultado está en los números: decenas de miles de estructuras colapsadas o dañadas.

Pero hay algo más fundamental que Kanamori lamenta profundamente: la sismología aún no puede predecir cuándo ocurrirá un terremoto. Lleva toda su carrera estudiando las fallas tectónicas, monitorizando el riesgo en tiempo real, y la respuesta sigue siendo la misma. Un terremoto es un proceso estadístico, no determinista. Intervienen demasiados factores. Un pequeño evento puede quedarse en nada o crecer hasta convertirse en algo que nos supere. "En nuestra vida cotidiana, esto podría compararse con un choque en cadena en una autopista", ilustra. No sabemos cuándo chocará el primer coche, ni cuántos lo seguirán.

Lo que sí podemos hacer es reaccionar mejor. La tecnología de detección y alerta temprana ha avanzado enormemente en países como Estados Unidos, Taiwán, Italia, México y Japón. Estos sistemas detectan las vibraciones iniciales y pueden adelantarse unos segundos al impacto principal. Kanamori desarrolló un algoritmo de detección temprana que funciona en el sistema de alerta de California. Pero esos segundos solo valen si van acompañados de una respuesta automática: edificios que se cierren, ascensores que bajen, trenes que frenen, sistemas médicos que se aseguren. Y después, en los días siguientes, debe haber alimentos, sanitarios, alojamiento temporal, suministros y seguridad. Estar preparado para ello es parte de la vida cotidiana en Japón.

De su vasta experiencia en el Servicio Geológico de Estados Unidos, Kanamori extrae cinco pasos que todos los países deberían seguir: estudiar en detalle qué ocurrió, analizar exhaustivamente qué funcionó y qué no, mejorar edificios e infraestructuras, perfeccionar los sistemas de alerta en tiempo real, y repetir estos cuatro pasos tras cada terremoto. Porque un seísmo no pone el contador del riesgo a cero. Los terremotos de Venezuela liberaron energía acumulada, pero esa energía también puede haberse transferido a fallas adyacentes. El riesgo sigue ahí.

Y puede llegar por mar. Los terremotos más destructivos generan tsunamis cuando hay movimiento vertical en zonas de subducción como las de Chile, Alaska y Japón. Las fallas de desplazamiento lateral, como las de California y Venezuela, producen movimiento principalmente horizontal, lo que genera tsunamis pequeños. Pero en algunos casos, incluso estas fallas pueden desencadenar deslizamientos submarinos. Por eso Kanamori considera prudente prepararse para el riesgo de tsunamis en todas partes. En Japón han construido estructuras de evacuación verticales muy resistentes junto a las playas, diseñadas para usarse junto con sistemas de alerta.

A los 89 años, Kanamori sigue investigando. Hace dos semanas publicó en Science un descubrimiento sin precedentes: el terremoto de Tōhoku de 2011, de magnitud 9,1, desplazó Japón entre 5 y 6 milímetros hacia el este. Pero más importante aún, parece haber desencadenado un leve deslizamiento en los límites de las placas a lo largo de una zona amplia. Ese deslizamiento pequeño podría convertirse en uno mayor si hay nuevos movimientos. Es otra reacción en cadena, como en una colisión de autopista. "Cada terremoto es una sorpresa. Por eso los estudiamos en detalle", dice. Descarta que algo así ocurra con los sismos de Venezuela por su tamaño y geometría, pero añade: "todo es posible".

Hemos sufrido tantos eventos devastadores que los edificios están, en general, mejor construidos para resistir fuertes sacudidas
— Hiroo Kanamori
La sismología no pudo hacer gran cosa para salvar bienes y vidas humanas, a pesar de los importantes avances en la investigación académica
— Hiroo Kanamori
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
Inventor

¿Por qué Japón sufre tantos terremotos pero tan pocas muertes comparado con Venezuela?

Model

No es suerte. Es que Japón ha vivido tantos seísmos que aprendió a construir diferente. Después de cada terremoto, estudian qué falló, mejoran los códigos de construcción, entrenan a la población. Venezuela no tuvo esos recursos ni esa experiencia acumulada.

Inventor

Pero usted dice que los terremotos no se pueden predecir. ¿Entonces de qué sirve toda esa preparación?

Model

La predicción es imposible, es verdad. Pero la preparación no es para evitar el terremoto, es para sobrevivir cuando llegue. Es como saber que habrá accidentes en la autopista pero no saber cuándo. Aun así, construyes barreras, sistemas de alerta, rutas de evacuación.

Inventor

En su última investigación descubrió que el terremoto de 2011 movió Japón milímetros. ¿Eso es importante?

Model

Sí, porque ese movimiento pequeño desencadenó un deslizamiento en las placas tectónicas. Un deslizamiento pequeño ahora puede convertirse en uno grande después. Es como cuando un coche choca en la autopista y causa una reacción en cadena. El primer impacto parece menor, pero desencadena lo que viene después.

Inventor

¿Entonces Venezuela corre peligro de que esto se repita?

Model

Por la geometría de sus fallas, probablemente no de la misma forma. Pero Kanamori es claro: todo es posible. El riesgo no desaparece después de un terremoto. Puede transferirse a fallas cercanas. Y además está el riesgo de tsunami, aunque sea pequeño.

Inventor

¿Qué debería hacer Venezuela ahora?

Model

Lo que Kanamori recomienda a todos: estudiar detalladamente qué pasó, analizar qué funcionó y qué no, mejorar los edificios, perfeccionar las alertas, y estar listo para repetir todo esto cuando llegue el próximo. No es glamoroso, pero es lo que funciona.

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