El miércoles por la tarde, la tierra bajo Centroamérica volvió a recordarle a sus habitantes que viven sobre una de las zonas tectónicas más activas del planeta. Un sismo de magnitud 5.5, con epicentro a 70 kilómetros de Chirilagua, El Salvador, se hizo sentir simultáneamente en tres países —El Salvador, Honduras y Nicaragua— como expresión de la danza perpetua entre la placa de Cocos y la placa del Caribe. Sin reportes iniciales de daños, el evento se inscribe no como catástrofe, sino como capítulo más en la larga convivencia de los centroamericanos con una tierra que nunca está del todo quie