En la noche del sábado, la tierra recordó su propia inquietud bajo el occidente venezolano: un sismo de magnitud 4.5 se originó cerca de Yumare, en el estado Yaracuy, a escasa profundidad bajo la superficie. Esa cercanía con el suelo que habitamos fue lo que permitió que el movimiento se extendiera como un susurro amplificado hacia comunidades distantes. Instituciones geológicas de Colombia y Estados Unidos documentaron el evento, testimonio de que la vigilancia de la tierra es, hoy, una tarea compartida entre naciones.