En la noche del sábado, la tierra volvió a recordarle a Pisco su condición de habitante del Cinturón de Fuego: un sismo de magnitud 4.2 se hizo sentir con grado III en la escala de Mercalli, sin dejar víctimas ni daños materiales. El evento, registrado por el Instituto Geofísico del Perú a 85 kilómetros al sur de la ciudad y a 16 kilómetros de profundidad, no es una anomalía sino una expresión rutinaria de la geología viva sobre la que se asienta el país. Perú, donde ocurre el 85% de la actividad sísmica mundial, convive con este pulso subterráneo como condición permanente de su existencia col