En la madrugada del viernes, la tierra recordó a Granada su condición de región sísmica activa: un temblor de magnitud 5.0, nacido a apenas dos kilómetros de profundidad cerca de Alhendín, extendió su pulso por buena parte de Andalucía. No hubo vidas perdidas, pero sí fachadas rotas, tejados dañados y más de ochenta llamadas de auxilio que dibujaron el mapa del miedo colectivo. La secuencia de movimientos previos y la amenaza de réplicas nos recuerdan que la estabilidad del suelo que habitamos es siempre provisional.