En Jordania, bajo la mediación silenciosa de Washington, diplomáticos sirios e israelíes se sentaron a negociar no la paz, sino algo más modesto y quizás más urgente: la posibilidad de que Siria no se convierta en el campo de batalla de una disputa ajena. Tras el bombardeo israelí a la base aérea de Abu Duhur y en medio de una creciente tensión entre Israel y Turquía, Damasco busca preservar su soberanía territorial en un momento en que las grandes potencias regionales se rozan peligrosamente. Es el viejo dilema de los países pequeños atrapados entre fuerzas que los superan: sobrevivir sin ser