Desde los jardines del paraíso hasta los rituales amazónicos, la etnobotánica Aina S. Erice sostiene que las plantas no solo nutrieron los cuerpos humanos, sino que dieron forma a sus dioses, sus mitos y sus sistemas de creencia. En su libro 'El jardín de los dioses', Erice traza una línea continua entre la semilla y lo sagrado, recordándonos que la espiritualidad humana brotó, literalmente, de la tierra. Su llamado final es tan antiguo como urgente: reconocer en las plantas un valor que trasciende su utilidad es, quizás, la condición de nuestra propia continuidad.