En el ciclo natural de las grandes transacciones, lo que para unos representa expansión, para otros significa contracción. La venta de nueve hoteles operados por Silken al grupo Hotusa —por 250 millones de euros— ha dejado su huella en las cuentas de la hotelera vasca: ingresos reducidos en un 7%, hasta 88 millones, y un beneficio neto que descendió de 7,2 a 5,9 millones. La historia no es de fracaso, sino de transformación: una empresa que cede volumen y recibe, a cambio, una cartera más acotada y una compensación de 3,5 millones por los contratos rescindidos.