Cristales rotos, paredes acribilladas, apenas transeúntes en las calles
En las calles de Beirut, donde la memoria de la explosión portuaria de 2020 aún pesa como escombros, una protesta convocada por Hezbollah y Amal se convirtió en campo de batalla cuando francotiradores abrieron fuego desde los tejados de Tayoune. Siete personas murieron y más de treinta resultaron heridas en enfrentamientos que revelan algo más profundo que la violencia misma: la lucha por controlar quién narra la verdad de una tragedia nacional y quién responde por ella. El juez Tarek Bitar, cuya investigación ha incomodado a figuras poderosas, se convierte así en el eje de una fractura que el Líbano lleva décadas intentando suturar.
- Francotiradores apostados en tejados del barrio de Tayoune dispararon contra manifestantes chiíes, desencadenando enfrentamientos armados que dejaron siete muertos y más de treinta heridos.
- Las milicias de Hezbollah y Amal se enfrentaron a hombres que acusan de pertenecer a las Fuerzas Libanesas, antigua milicia cristiana, agudizando las tensiones sectarias en la capital.
- La protesta tenía un blanco político preciso: forzar la destitución del juez Bitar, cuya investigación sobre la explosión de 2020 ha sido suspendida dos veces por demandas de ex ministros y legisladores de Amal imputados en el caso.
- Al día siguiente, Tayoune amaneció con calles vacías, paredes acribilladas y una calma frágil, mientras el Ejército libanés mantenía nueve detenidos y continuaba investigando la participación en la violencia.
El barrio de Tayoune amaneció el viernes con las huellas de la noche anterior: cristales rotos, paredes marcadas por los disparos y apenas transeúntes en las calles. La séptima víctima había muerto pocas horas antes, elevando el saldo de los enfrentamientos del jueves a siete muertos y más de treinta heridos, según la Cruz Roja libanesa.
Lo que comenzó como una manifestación organizada por Hezbollah y Amal se transformó en tiroteo cuando francotiradores apostados en los tejados abrieron fuego contra los marchantes. Los enfrentamientos que siguieron enfrentaron a milicias chiíes contra hombres a quienes Amal y Hezbollah acusan de estar vinculados a las Fuerzas Libanesas, el segundo bloque cristiano del Parlamento y una milicia con historia en la guerra civil libanesa.
El objetivo de la protesta era político: exigir la destitución del juez Tarek Bitar, al frente de la investigación sobre la explosión que destruyó el puerto de Beirut en agosto de 2020 y mató a más de doscientas personas. Amal y Hezbollah lo acusan de parcialidad, pero el trasfondo es revelador: varios ex ministros y legisladores de Amal figuran entre los imputados por negligencia, y sus demandas contra el juez ya han logrado suspender la investigación dos veces en semanas recientes.
Mientras el Ejército libanés mantenía nueve detenidos y continuaba sus pesquisas, la violencia de Tayoune dejaba al descubierto algo más que una disputa judicial: la batalla por quién investiga uno de los desastres más mortíferos de la historia reciente del Líbano, y quién deberá responder por él.
El barrio de Tayoune en Beirut amaneció el viernes envuelto en una calma tensa, pero marcado por los signos visibles de la violencia: cristales rotos, paredes acribilladas a balazos, apenas transeúntes en las calles. La noche anterior había dejado un saldo de siete muertos, cifra que creció cuando una séptima persona sucumbió a las heridas sufridas durante los enfrentamientos del jueves. Más de treinta personas resultaron heridas, según reportes de la Cruz Roja libanesa.
Lo que comenzó como una protesta convocada por las formaciones chiíes Amal y Hezbollah se convirtió en un tiroteo cuando francotiradores apostados en los tejados del barrio abrieron fuego contra los manifestantes. Según una fuente militar que pidió anonimato, los disparos desencadenaron enfrentamientos armados entre milicias chiíes y hombres que Amal y Hezbollah acusan de estar vinculados a las Fuerzas Libanesas, el segundo bloque cristiano del Parlamento y una antigua milicia que operó durante la guerra civil libanesa.
La protesta tenía un objetivo político claro: exigir la destitución del juez Tarek Bitar, quien encabeza la investigación sobre la explosión que devastó el puerto de Beirut en agosto de 2020. Ese ataque dejó más de doscientos muertos y seis mil quinientos heridos en la capital. Amal y Hezbollah consideran que Bitar no es imparcial y que su investigación está politizada. La acusación tiene peso político: varios ex ministros y legisladores de Amal son sospechosos o están imputados por negligencia en el caso, y han presentado demandas contra el juez que ya han obligado a suspender la investigación dos veces en las últimas semanas.
En el momento de los disturbios, nueve personas permanecían bajo custodia de las fuerzas de seguridad libanesas, mientras que otras estaban siendo investigadas por su posible participación en la violencia. Desde la noche del jueves, el Ejército no había realizado más arrestos en relación con los hechos. La tensión que envolvía a Beirut reflejaba una fractura más profunda en la política libanesa: la batalla por quién investigaría uno de los desastres más mortíferos de la historia reciente del país, y quién respondería por él.
Citações Notáveis
Amal y Hezbollah consideran que el juez Bitar no es imparcial y que su investigación está politizada— Fuente militar anónima
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué Hezbollah y Amal querían que se destituyera al juez Bitar?
Porque consideraban que no era imparcial. Varios de sus propios legisladores y ex ministros estaban siendo investigados por negligencia en la explosión del puerto. Veían a Bitar como una amenaza política.
¿Y quiénes fueron los que dispararon desde los tejados?
Eso no está completamente claro en los reportes. Amal y Hezbollah acusan a las Fuerzas Libanesas, un grupo cristiano rival. Pero lo que importa es que la protesta se convirtió en una batalla entre bloques políticos armados.
¿Cuánta gente murió en la explosión original del puerto?
Más de doscientos muertos y seis mil quinientos heridos. Fue catastrófico. Por eso la investigación importa tanto, y por eso los grupos políticos están dispuestos a pelear por controlarla.
¿Qué pasó con los detenidos?
Nueve personas estaban bajo custodia. Otros estaban siendo investigados. Pero el Ejército no hizo más arrestos después de la noche del jueves, así que la situación quedó en suspenso.
¿Cuál es el riesgo ahora?
Que esto se repita. Beirut está fracturada entre bloques políticos armados que no confían en las instituciones. Una protesta se convirtió en tiroteo. Eso puede volver a suceder.